26/4/08

El arte de la meticulosidad

La ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos de Barcelona ’92 permanece en la memoria como una de las más sublimes jamás celebradas. No es para menos. Amén del soberbio trabajo de Manuel Huerga (merecedor de una Medalla Fad) y la sublime puesta en escena del grupo teatral La Fura Dels Baus, cada detalle estaba controlado al milímetro y ensayado hasta la saciedad. Así sucedió con el momento cumbre de la ceremonia, el encendido de la llama olímpica. Años después ha surgido un debate en torno a si el lanzamiento de Antonio Rebollo entró en el pebetero. Lo cierto es que la flecha pasó de largo, pero el excelente trabajo de TVE propició que este pequeño fallo no arruinara la ceremonia.

Rebollo había practicado ese tiro con tesón. Sin embargo, a esa distancia, con ese ángulo y con una llama en la punta de la flecha, cualquier mínima brisa podía arruinarlo todo. Los realizadores de TVE lo sabían y por eso prepararon con minuciosidad la retransmisión de ese momento. Para empezar, se grabó con un solo plano, desde el que apenas se puede apreciar si la flecha entra o no (al pasarlo a cámara lenta se puede intuir). Después se instaló un dispositivo para asegurarse de que el pebetero se encendería de cualquier manera. No es ningún secreto. El realizador de aquellos Juegos recuerda la anécdota con frecuencia en sus clases de universidad.

He aquí unas curiosas imágenes que muestran la trayectoria real de la flecha:

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