25/4/08

La encrucijada del tenis femenino

La retirada de Arantxa Sánchez Vicario y Conchita Martínez dejó un doloroso vacío en uno de los terrenos que más éxitos han brindado al deporte español. El tenis femenino nacional, antaño prolífico en títulos de Grand Slam, de la Copa Federación y de medallas olímpicas, se encuentra desde entonces anclado en un limbo de incertidumbre del que sólo sale, de cuando en cuando, Vivi Ruano con alguna victoria en dobles.

El los últimos años, los únicos éxitos individuales para España se han reducido a lo que ha ido logrando Anabel Medina, ganadora de cinco títulos del circuito femenino. Sin embargo, la valenciana nunca ha llegado más allá de la cuarta ronda en ningún grande. Lejos quedan los tiempos en que Arantxa y Conchita acechaban el número uno. Medina es la número 34 de la clasificación de la WTA y apenas dos españolas más, Ruano (74ª) y Nuria Llagostera (76ª), se sitúa entre las cien primeras.

La cantera nacional ha dejado de producir perlas, al margen de una Carla Suárez-Navarro de la que se espera que, al menos, mejore el panorama. España es un paraíso para los tenistas en formación, por su clima y por los excelentes entrenadores con los que cuenta. De ahí, que numerosas jóvenes promesas extranjeras se establezcan aquí (fue el caso de Svetlana Kutznesova o Marat Safin). Sin embargo, la calidad de las joyas foráneas llegadas de la Europa del Este eclipsa cada vez más a las tenistas locales.

Ante este panorama, una solución de ética dudosa ha salido a relucir. La reciente nacionalización de la ucraniana Julia Vakulenko, que ha rechazado los colores de su país para defender a España, abre la puerta a la polémica. El caso de esta joven es el primero, pero pueden aparecer muchos más, habida cuenta de la fertilidad de canteras como la rusa, plagada de talentos, muchos de los cuales residen en España y dominan el español. Quién sabe, tal vez en el futuro el equipo femenino se parezca a la selección de fútbol-sala de Italia, sin apenas deportistas nacionales. Aunque habría que preguntar a la Federación cuál es su postura y si está dispuesta a dar ese paso.

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