13/5/08

La bravura de los inventores del balompié

Ángel Briz.- Si a un cocinero le invitaran a un concurso para obtener el plato más exquisito probablemente llevaría todos los ingredientes más selectos posibles. Jamón, caviar o solomillo son de los preferidos. Pero eso, como todo, es cuestión de gustos del paladar. En cambio, si a un aficionado al fútbol, en general, le dieran la oportunidad de contar con una competición perfecta, seguramente los manjares imprescindibles serían goles, emoción, afición, espectáculo, sentimientos, compromiso, fútbol directo, corazón y garra. En dos palabras: Premier League.

La máxima competición inglesa ha demostrado, una vez más, que es la mejor liga del mundo, pero no por datos, si no por hechos que corroboran que los principios básicos del los estamentos futbolísticos se cumplen allí a la perfección. El fútbol en Inglaterra es como un matrimonio; se comprende de dos circunstancias pero una se apoya en la otra. Es decir, que no hay A sin B, ni viceversa. Esas dos incógnitas son jugadores y afición.

El hincha inglés vive por la pasión balompédica, mientras que los jugadores necesitan el apoyo de los suyos para contrarrestar a sus rivales. Esto es, precisamente, una de las cosas importantes que diferencia a una liga frente a otras, y así lo demuestra la última perla española en recalar en las islas británicas: “Ver que dos meses antes de cada partido, aún sin jugarte nada, ya no hay localidades a la venta, es síntoma de lo que supone el club para el aficionado”, afirma Fernando Torres de su público.

Este año, el ex del Atlético de Madrid ha vivido su temporada más espectacular, y lo ha tenido que vivir desde lejos de su casa, en Liverpool, donde ha marcado los mejores registros posibles de un novato en la tierra donde nació el ahora llamado deporte rey. Sus 32 goles a lo largo de la temporada le avalan. Pero no sólo de tantos vive el jugador en la Premier. “Si hay un balón dividido y te tiras al suelo a por él y provocas un saque de banda a favor, se aplaude más esa entrega incluso que un gol”, explica convencido el joven cerebro del conjunto gunner, Cesc Fabregas.

Todo este círculo hace aún más grande esta competición liguera, que este año ha vivido una feroz lucha entre tres grandes conjuntos: Arsenal, Chelsea y Manchester United. Al final, sólo pujaron por el entorchado los de Sir Álex Ferguson y los pupilos del multimillonario Roman Abramovich, que este año se puede hacer con tres títulos europeos (el ya conseguido por el CSKA Moscú en la Euroliga de baloncesto, y los que Zenit y Chelsea pueden conquistar en la UEFA y la Liga de Campeones, respectivamente). Mérito especial tienen los Reds Devils, pues han sabido dar el golpe a la liga en el momento oportuno, en buena parte por la grandiosa actuación durante todo el año de su estrella, Cristiano Ronaldo.

El crack de Madeira ha sabido curarse de todos los males que le acechaban desde que llegó a las islas. Primero, cuando en su temporada de debut se le tachó de individualista. Y, segundo, tras la polémica en el Mundial de Alemania con su compañero Wayne Rooney, cuando ambos se enzarzaron en el partido de octavos de final. Pero aún así, convirtió los abucheos clásicos en aplausos, e incluso este año en un Balón de Oro. Ronaldo y Rooney, rodeados de experiencia (Ryan Giggs, Rio Ferdinand y Paul Scholes, entre otros) y jugadores de talla mediana han formado un grupo aguerrido y comprometido con la causa, algo que les ha llevado por la senda del triunfo. Su decimoséptimo título habla por si sólo; el décimo de Ferguson desde que llegó al banquillo de Old Trafford. Ahí es nada.

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