17/11/08

Los deportistas también viven con miedo

Rara vez la controversia entorno a la denominación de un equipo de fútbol había causado tanto revuelo. Hace un año, la selección de Euskadi pasó a denominarse “selección de Euskal Herria” a petición de los jugadores. La Federación Vasca aceptó. Pero ahora quiere dar marcha atrás y volver al antiguo nombre, porque “Euskal Herria”, aunque nadie del organismo lo haya manifestado tan claramente, es un término manejado casi en exclusiva por la izquierda abertzale. Sin embargo, los futbolistas –hombres y mujeres– que integran esta selección no están dispuestos a ello. O, al menos, eso parece. En total, 165 han firmado un comunicado en el que dejan claro que no jugarán si se toca la nomenclatura de “selección de Euskal Herria”.

A raíz de la declaración de intenciones de los jugadores, dispuestos a boicotear el próximo compromiso del combinado, contra Irán, ha surgido toda una polémica sobre la implicación que la izquierda filoetarra ha podido tener en el comunicado. Pero, en este asunto, pocas cosas son como semejan. Parece extraño que los 165 futbolistas defiendan realmente ideologías tan radicales. Que en la lista de firmantes se encuentre prácticamente la totalidad de la plantilla del Athletic resulta más que sospechoso. Lo es más, aún, cuando la declaración está escrita y firmada en euskera, un idioma que probablemente la mayor parte de los jugadores no hablen ni entiendan (sólo el 16 por ciento de los bilbaínos son vascoparlantes).

Para aumentar las suspicacias, el principal argumento de los firmantes es que la selección la componen deportistas del País Vasco francés y de Navarra, territorios que los abertzales reivindican también como parte de Euskal Herria. Sin embargo, doce de estos futbolistas han jugado con la selección española y de ninguno se conoce arranque alguno de independentismo. Ninguno ha denunciado, por ejemplo, que se llame España un equipo que incluye también a la nación vasca. Y ninguno ha renunciado a jugar para un combinado que representa al estado que no concede la autodeterminación a su pueblo.

Se desprende de todas estas incoherencias lo que no hace falta ser un erudito para concluir: que la mayoría de los deportistas que se han sumado a la causa no lo han hecho por ser convencidos independentistas, sino por miedo. Lo ha reconocido hasta el ex presidente del PNV, Xabier Arzalluz, quien compartía las conclusiones de Antonio Basagoiti, presidente del PP vasco. “Alguno está acojonado por lo que pueda pasar”, sentenciaba el líder popular. Están asustados no sólo por lo que los radicales les puedan hacer, sino también por las medidas que sus propios clubes puedan tomar. Hace unos años, el navarro Ismael Urzáiz lo dejó claro. A la pregunta de por qué había decidido jugar con la selección vasca, él respondió: “dependo del club que me paga (entonces el Athletic)”.

El miedo reinante en múltiples sectores de la sociedad vasca –vean la película El infierno vasco, actualmente en los cines– está presente también en el deporte. El comunicado de estos 165 futbolistas sólo ha puesto la cuestión de actualidad. La realidad es que muchos deportistas llevan conviviendo con ello desde hace años. Más que criticarles por estampar su firma en la declaración, hay que compadecerse de ellos. No debe ser nada fácil vivir atemorizado.

Artículo publicado en LaSemana.es

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