30/11/08

Ministerios como churros

Inmersos como estamos en una de las más graves crisis económicas de la historia, el presidente del Gobierno no deja de sacarse de la chistera estériles ministerios que no sirven para otra cosa que aumentar el gasto público. Tras la iluminación que le pasó por la mente al crear un Ministerio de Igualdad, Zapatero ha vuelto a ver la luz gracias a una propuesta de Emilio Sánchez Vicario, el ya ex capitán del equipo de Copa Davis y todo un ilustrado, al parecer, en asuntos de Estado. En el recibimiento a los campeones en La Moncloa, al hermanísimo del tenis español se le ocurrió solicitar al presidente que recuperara el Ministerio de Deporte. Y a Zapatero, ávido por apuntarse un tanto gracias al buen estado del deporte nacional, le faltó tiempo para prometer que lo haría.

La decisión, tomada en apenas unas fracciones de segundo y sin deliberación previa alguna, pilló por sorpresa a Mercedes Cabrera, ministra que actualmente posee esa competencia, al Secretario de Estado para el Deporte, Jaime Lissavetzky, y, probablemente, al propio Zapatero y todo su partido. No es propio de un presidente de gobierno tomar decisiones de ese calibre con tanta ligereza. Y, mucho menos, cuando, además, se está cometiendo un error mayúsculo. Crear un ministerio para gestionar una parcela tan pequeña del presupuesto estatal –al deporte se destina alrededor de un uno por ciento del PIB– es un derroche innecesario que no se puede llevar a cabo sin siquiera haber reflexionado sobre ello. La lógica transmite, además, un axioma rotundo: si en su momento desapareció el Ministerio de Deporte, sería por algo.

No hay duda de que en el deporte español falta organización. El Comité Olímpico, el Consejo Superior de Deportes y las federaciones hacen la guerra por su cuenta. El caos es evidente, aunque los resultados deportivos parezcan indicar lo contrario. Lo reconoce el propio Juan Antonio Samaranch, Presidente de Honor de Comité Olímpico Internacional, quien también aboga por crear un Ministerio de Deporte. Pero no hace falta llegar a tales extremos. Basta con coordinarse mejor y establecer políticas claras. Ahora bien, si finalmente nace esta nueva cartera y sirve para poner orden en un terreno tan turbio y en el que confluyen tantos intereses, el oportunismo de Zapatero y el gasto público tendrán, al menos, un lado positivo. Pero como el presidente se dedique simplemente a colocar a sus amigos e intentar ganar popularidad y no busque gente competente y concienciada con la causa, estamos perdidos. Y el deporte también.

Artículo publicado en LaSemana.es

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