El oro olímpico es una ‘quimera’ para Asafa Powell

Uno de los mayores velocistas de todos los tiempos, Michael Johnson, todavía poseedor de las plusmarcas mundiales de 200 y 400 metros lisos, sorprendía hace poco con unas osadas declaraciones: “Tyson Gay ganará las dos pruebas de velocidad en Pekín. Asafa Powell falla una y otra vez”. La sentencia del estadounidense difiere del lenguaje políticamente correcto que suele primar en las altas esferas del atletismo. Pero lo que dice se ajusta con fidelidad a la opinión de los mayores expertos: Powell, pese a poseer el récord mundial de los 100 metros lisos (9”74), se quedará sin el oro en los Juegos.

El jamaicano es, a todas luces, un portento físico, un talento natural para las pruebas de velocidad. Le sucede lo mismo que al bahameño Donald Thomas en salto de altura. Sus cualidades físicas son tan excepcionales, que apenas le hace falta trabajar hasta la saciedad otros aspectos, como la técnica o la fortaleza mental, para imponerse. Dada tal capacidad, para batir en dos ocasiones el récord del mundo sólo le ha hecho falta encontrarse, de cuando en cuando, con un rival que le presionara un poco, tal es el caso del nigeriano Olusoji Fasuba.

Sin embargo, cada vez que Powell se ha topado con un rival capaz de hacerle frente en igualdad de poderío, en las escasas ocasiones en que el jamaicano se ha jugado algo importante contra un rival de entidad, siempre ha sucumbido. Powell se presentó al gran público en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004, donde logró un meritorio quinto puesto. Al año siguiente batió el récord del mundo pero, desde entonces, su único mérito ha sido volver a rebajar esa marca. Se perdió los Mundiales de Helsinki 2005 por una lesión en los aductores y falló, dos años después, en Osaka, donde incluso se vio superado por Derrick Atkins y se tuvo que conformar con un amargo bronce.

Las lesiones, es cierto, nunca le han acompañado. Incluso, ahora, permanece en reposo recuperándose de una rotura muscular en el pecho, que le tendrá sin competir hasta junio. Pero los números también hablan: en las escasas ocasiones que se ha enfrentado a Justin Gatlin o a Tyson Gay, ha salido derrotado. Su preparación, con tantas semanas de descanso forzado, no será la idónea; sus rivales, Gay y los nuevos jóvenes talentos, le presionarán al máximo; y su mentalidad, visto lo visto, todavía tiene que evolucionar. Por todo ello, Asafa Powell no es favorito para llevarse el oro en los Juegos de Pekín. Que derrotara a Tyson Gay, como opina Michael Johnson, sería una sorpresa.

El atleta “más grande del mundo”

Pocos han oído su nombre. Sin embargo, Jim Thorpe (Oklahoma, 1887 – 1953) pasa por ser un serio candidato al galardón de mejor atleta de la historia. Hijo de un granjero y una india, Thorpe vino al mundo en territorio salvaje. Le llamaron Wha-Tho-Huk, Sendero Brillante, como si por alguna extraña razón hubieran adivinado el glorioso camino que iba a recorrer.

Tras una dura infancia, en la que vio morir a su hermano gemelo, a su madre y a su padre, Thorpe se marchó, con 20 años, a la Escuela Industrial India de Carlisle (Pennsylvania). Allí comenzó una carrera deportiva digna de todo un atleta todoterreno. Practicó fútbol americano, béisbol, atletismo, lacrosse y baloncesto. Destacó en todos ellos, e incluso, en fútbol, fue elegido dentro del mejor equipo universitario en 1909 y 1910. Su entrenador, Glenn Warner, advirtió sus excepcionales cualidades atléticas y le propuso probar en las pruebas combinadas. Unos meses después había deslumbrado en los campeonatos universitarios y se había ganado una plaza para los Juegos Olímpicos de Estocolmo 1912.

A Suecia llegó un indio americano al que nadie conocía. Pero Thorpe logró que todos recordaran su nombre. Ganó el oro con enorme autoridad en el pentatlón y el decatlón, algo insólito hasta entonces, con marcas que incluso se acercaron a los récords mundiales. Además, participó en salto de altura y de longitud, en los que obtuvo unos meritorios cuarto y séptimo puestos. La exhibición de Thorpe maravilló al Rey Gustavo V, quien, al entregarle las preseas doradas, le obsequió con un elogio que ha pasado a la historia: “Caballero, es usted el atleta más grande del mundo”.

Pero la leyenda de Jim Thorpe se engrandeció cuando el Comité Olímpico Internacional, por entonces muy estricto con el carácter aficionado de los Juegos, le despojó de sus dos medallas. El COI descubrió que Thorpe había jugado al béisbol como semiprofesional, cobrando 25 dólares por semana, algo totalmente prohibido por las normas del amateurismo. Los dos atletas que, en consecuencia, recibieron el oro, manifestaron que aquellas medallas no les pertenecían. Esta sanción hundió totalmente a Thorpe, que no pudo volver a competir en unos Juegos y llevó una vida turbada hasta su muerte, en 1953.

El mundo del deporte siempre le admiró y le dio su apoyo. De hecho, la agencia Associated Press le nombró como el mejor deportista de la primera mitad del siglo XX. El día de su muerte, el New York Times publicaba: “Su recuerdo debería conservarse como merece: como aquel del más grande atleta de nuestros tiempos”. Tal fue el impacto de su persona y de la injusticia que con él se había cometido, que al COI, años después, no le quedó más remedio que rectificar. En 1982, sus logros y marcas fueron oficialmente restablecidos y dos de sus hijos recogieron las dos medallas de oro. Habían pasado 70 años, pero el mérito de Thorpe quedó, al fin, reconocido.

La decadencia del ‘jogo bonito’

Ángel Briz.- Jogo bonito. Así reza el epitafio que puso de moda la marca deportiva Nike en uno de sus portentosos anuncios publicitarios. Ese título iba dirigido, sobre todo, a los jugadores del momento que hacían del fútbol el mayor de los espectáculos del deporte posible, y esos eran los brasileños. Algunos de los futbolistas que aparecían en el spot eran Ronaldinho, Ronaldo, Robinho, Kaká, Roberto Carlos y Adriano, haciendo filigranas imposibles, a cada cual mejor, con el balón. Hoy, parece que esas filigranas se han quedado para eso, para potenciar al mayor exponente la publicidad de una marca, en lugar de para arrancar un halo de inspiración futbolística en sus equipos de fútbol.

Ese elenco de jugones quedaron eclipsados en el Mundial de Alemania 2006, y el famoso slogan jogo bonito había quedado en evidencia ante los millones de espectadores de la máxima competición por selecciones nacionales de fútbol. Ahí es cuando uno se da cuenta de que las cosas en este mundo loco del fútbol han cambiado. La filosofía es un conjunto de ideas expuestas en una corriente, pero que todas corren a dirección del viento sin saber en muchos casos por qué. Quizás la inercia sea la responsable de este caso sin explicación. Puede que el mecanismo de la naturaleza atañe de por sí un cambio generacional, y más cuando se habla de deportes.

Precisamente eso ha sucedido en el fútbol en los últimos tiempos. Lejos quedan los años cincuenta, en los que el Real Madrid encandilaba a cualquiera con su fútbol directo, preciso, meticuloso como un médico operando a su madre. Aquel juego del Manchester de los sesenta, donde se encontraba un equipo repleto de estrellas pero que una tragedia acabó con una era que parecía inolvidable. Caprichos del destino. Cómo va a olvidar cada padre de familia contar a sus hijos la espectacularidad del Brasil de los 70, con Pelé de estandarte.



Todo parecía inventado, como en la música, pero nadie contaba a mediados de los setenta con unos jovencísimos futbolistas que formaron una cantera holandesa que hacía vibrar al mundo entero y que revolucionó el estilo de juego sobre el césped. El fútbol rápido, al primer toque, dinámico, vertical y de profundidad llegó con el nacimiento de la Naranja Mecánica. Cruyff era la base de una escuela proveniente de Ámsterdam y consolidada en el Viejo Continente en forma de Copas de Europa, tres seguidas para el Ajax. Esta estructura no cayó del todo bien en muchos sitios, que decidieron reinventar este deporte, y el ejemplo más claro se vio en el Milan de Sacchi. Este equipo estaba equilibrado en todas las zonas del campo, pero lo primordial era tener una zaga fortísima y partir de ahí con el resto. La consecución de varios títulos continentales dio la razón a esta nueva variante del catenaccio.

Cada vez aparecen más equipos que intentan emular a este último conjunto italiano, como el Liverpool. El ordenador de Rafa Benítez, entrenador de los ingleses, está enchufado todo el día para mover sus piezas de manera estricta. Es un entrenador que sabe contagiar al resto su morfología de juego, estudiado hasta el último número decimal de la parte periódica.

Todo lo contrario sucede en las islas británicas con el Arsenal, donde Arsene Wenger está intentando reinventar aquel fútbol de los setenta. El francés ha inculcado a sus pupilos un esquema en el que abundan los centrocampistas y mediapuntas, para marear a sus rivales, aunque a veces pecan de sobrepasarse en el pase y no finalizar las jugadas. Hacía mucho tiempo que ningún equipo se comportaba en la circulación del cuero como el conjunto gunner, pero de momento, al maestro Wenger sólo le ha servido para ganar tres Premier League en los once años que lleva dirigiendo al equipo londinense. ¿Su finalidad? Lo dice en el campo: hacer disfrutar a sus hombres, encandilar a su afición, hacer disfrutar a los espectadores y ganar su asignatura pendiente, la Champions League. Así es como pasan a la historia los equipos, y con Cesc, Rosicky, Hleb, Walcott o Van Persie, su sueño está más cerca que nunca.

El porvenir de la Liga según John Carlin

La sección de Deportes de El País desprende un halo de lucidez especialmente resplandeciente, algo poco común en la prensa deportiva, aunque más habitual en los diarios de tirada nacional. Las difuntas Historias del Calcio, que redactaba Enric González durante su corresponsalía en Roma, constituían uno de los ejemplos más alabados de cómo escribir sobre deporte con un estilo literario envidiable. Otra muestra es El córner inglés, sección en la que, cada domingo, John Carlin descarga las tribulaciones futbolísticas que inundan su cabeza.

Esta semana, Carlin, de padre inglés y madre española, ofrece una interesante visión de la relación entre la liga española y la inglesa. En Cristiano redentor de España, sostiene este periodista, pluma privilegiada de la prensa nacional, que la Liga camina hacia un estado de mediocridad en el que, desbordada por el crecimiento de la Premier League, se convertiría en un mero satélite de ésta. Es decir, que, de no cambiar el panorama, la inglesa se acabará convirtiendo en la liga a la que emigran todos los buenos jugadores. Las demás, incluida la española, quedarían relegadas a un papel secundario similar al que actualmente posee el campeonato holandés.

Resulta una evidencia decir que los equipos de la pérfida Albion han dominado el panorama futbolístico durante esta temporada. De hecho, pocos dudan de que, de haber tenido más fortuna en el sorteo –al Barcelona le tocó un flácido Schalke 04, mientras Arsenal y Liverpool tuvieron que enfrentarse entre ellos–, los cuatro semifinalistas de la Liga de Campeones habrían sido británicos. Carlin plantea, de forma en cierto modo descabellada, que de no empezar a gobernar con inteligencia y visión de futuro, la LFP verá cómo sus dos equipos enseña, el Real Madrid y el Barcelona, se acaban convirtiendo en el reflejo español del Ajax de Ámsterdam y el PSV Eindhoven, conjuntos destinados a caer con honor en los cuartos de final de la Champions.

Más allá del catastrofismo fundamentado del periodista, lo cierto es que en los últimos años la Premier ha sabido aprovechar mucho más sus ingresos y ha logrado extender su influjo alrededor de todo el mundo. Iniciativas como la propuesta de jugar varios partidos del campeonato en el extranjero, por otra parte un tanto polémica, evidencian la abierta mentalidad de la que gozan los dirigentes ingleses. Ello se contrapone con el estancamiento y falta de perspectiva que sufren los mandatarios españoles, en ocasiones más pendientes de salir vencedores en la lucha por el poder –véase el caso de José María Villar– y continuar lucrándose que de dirigir con sensatez.

Carlin ofrece, en tono jocoso, una solución a medio plazo: que el Real Madrid fiche a Cristiano Ronaldo. Así, dice, jugadores y telespectadores verían a la Liga como un imán para los mejores futbolistas del mundo, lo que lograría mantener el estatus del campeonato español durante unos años más, hasta que la aciaga gestión de los dirigentes hubiera arruinado todo definitivamente. La idea puede sonar a chiste, pero refleja una de las políticas elementales que aseguran el éxito en el mundo del fútbol: gastarse el dinero con criterio. El Sevilla, doble campeón de la Copa de la UEFA, ha demostrado la importancia de esta pauta. Real Madrid y Barcelona, aficionados a la costumbre burguesa del despilfarro, recientemente instalada en la sociedad española, deben abrir los ojos para iniciar la recesión de esta situación.

El arte de la meticulosidad

La ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos de Barcelona ’92 permanece en la memoria como una de las más sublimes jamás celebradas. No es para menos. Amén del soberbio trabajo de Manuel Huerga (merecedor de una Medalla Fad) y la sublime puesta en escena del grupo teatral La Fura Dels Baus, cada detalle estaba controlado al milímetro y ensayado hasta la saciedad. Así sucedió con el momento cumbre de la ceremonia, el encendido de la llama olímpica. Años después ha surgido un debate en torno a si el lanzamiento de Antonio Rebollo entró en el pebetero. Lo cierto es que la flecha pasó de largo, pero el excelente trabajo de TVE propició que este pequeño fallo no arruinara la ceremonia.

Rebollo había practicado ese tiro con tesón. Sin embargo, a esa distancia, con ese ángulo y con una llama en la punta de la flecha, cualquier mínima brisa podía arruinarlo todo. Los realizadores de TVE lo sabían y por eso prepararon con minuciosidad la retransmisión de ese momento. Para empezar, se grabó con un solo plano, desde el que apenas se puede apreciar si la flecha entra o no (al pasarlo a cámara lenta se puede intuir). Después se instaló un dispositivo para asegurarse de que el pebetero se encendería de cualquier manera. No es ningún secreto. El realizador de aquellos Juegos recuerda la anécdota con frecuencia en sus clases de universidad.

He aquí unas curiosas imágenes que muestran la trayectoria real de la flecha:

La encrucijada del tenis femenino

La retirada de Arantxa Sánchez Vicario y Conchita Martínez dejó un doloroso vacío en uno de los terrenos que más éxitos han brindado al deporte español. El tenis femenino nacional, antaño prolífico en títulos de Grand Slam, de la Copa Federación y de medallas olímpicas, se encuentra desde entonces anclado en un limbo de incertidumbre del que sólo sale, de cuando en cuando, Vivi Ruano con alguna victoria en dobles.

El los últimos años, los únicos éxitos individuales para España se han reducido a lo que ha ido logrando Anabel Medina, ganadora de cinco títulos del circuito femenino. Sin embargo, la valenciana nunca ha llegado más allá de la cuarta ronda en ningún grande. Lejos quedan los tiempos en que Arantxa y Conchita acechaban el número uno. Medina es la número 34 de la clasificación de la WTA y apenas dos españolas más, Ruano (74ª) y Nuria Llagostera (76ª), se sitúa entre las cien primeras.

La cantera nacional ha dejado de producir perlas, al margen de una Carla Suárez-Navarro de la que se espera que, al menos, mejore el panorama. España es un paraíso para los tenistas en formación, por su clima y por los excelentes entrenadores con los que cuenta. De ahí, que numerosas jóvenes promesas extranjeras se establezcan aquí (fue el caso de Svetlana Kutznesova o Marat Safin). Sin embargo, la calidad de las joyas foráneas llegadas de la Europa del Este eclipsa cada vez más a las tenistas locales.

Ante este panorama, una solución de ética dudosa ha salido a relucir. La reciente nacionalización de la ucraniana Julia Vakulenko, que ha rechazado los colores de su país para defender a España, abre la puerta a la polémica. El caso de esta joven es el primero, pero pueden aparecer muchos más, habida cuenta de la fertilidad de canteras como la rusa, plagada de talentos, muchos de los cuales residen en España y dominan el español. Quién sabe, tal vez en el futuro el equipo femenino se parezca a la selección de fútbol-sala de Italia, sin apenas deportistas nacionales. Aunque habría que preguntar a la Federación cuál es su postura y si está dispuesta a dar ese paso.

Los atletas, en contra del boicot

Las protestas en contra de China surgen por doquier, las amenazas de boicotear la ceremonia de apertura de los Juegos se extienden entre los jefes de estado y las manifestaciones al paso de la antorcha olímpica copan portadas cada día. Sin embargo, las voces más apaciguadoras y políticamente correctas se suelen silenciar en los medios. Entre esas voces se encuentran las de la mayoría de los atletas que, hasta ahora, habían permanecido prácticamente en silencio. Esta vez se han manifestado de forma oficial.

La Comisión de Atletas del Comité Olímpico Internacional ha hecho pública una declaración en la que se muestra contraria a cualquier tipo de boicot, tanto a los Juegos Olímpicos, como a la ceremonia de apertura o al recorrido de la antorcha. El órgano, en el que se encuentran, entre otros, los ex atletas Sergei Bubka e Hicham el Guerrouj y el otrora nadador Alexander Popov, sostiene que “los boicots son un sinsentido que sólo dañan a los deportistas”. Los atletas creen que la antorcha olímpica no está teniendo el “recorrido pacífico que se merece”. Algo que, dicen, les entristece. “Las protestas violentas en torno a la antorcha están totalmente en contra de los valores que ésta porta”, señala el comunicado.

El texto se refiere al papel de los Juegos Olímpicos como escenario de los conflictos internacionales. Afirman los representantes de los deportistas que “con tantos conflictos en el mundo, si dejamos que nuestro evento sea un lugar en el que crezcan, esto cambiaría la esencia de lo que allí vamos a hacer, que es competir en un espíritu de respeto, amistad y juego limpio”. Los atletas pretenden reivindicar su derecho a “no expresarse y a no sentirse obligados a hacerlo”, pues la mayoría sólo quiere concentrarse en la competición. “Han entrenado durante años por su momento y merecen experimentarlo si que éste sea cargado con problemas geopolíticos”, afirma el manifiesto.

Ante las declaraciones de diferentes jefes de estado que amenazan con no asistir a la ceremonia de inauguración en Pekín 2008, la Comisión responde con un mensaje claro. “Tener a los jefes de estado, a los gobiernos y a los ministros de deporte frente al público en el estadio es una señal de apoyo para sus atletas”, apuntan. Y recuerdan que para ellos “desfilar para nuestro país en la ceremonia inaugural fue un momento de especial orgullo”. Así, el organismo que representa a los deportistas dentro del COI quiso dejar clara su postura en contra de la politización de los Juegos, un evento que desde su fundación siempre ha buscado caracterizarse por ser un lugar de encuentro, más que un escenario para la protesta.

Lo sorprendente del Manchester

Lo más sorprendente del Manchester United en el Nou Camp no fue que Cristiano Ronaldo enviara un penalti a la luna, que, al margen de la pena máxima, el equipo no dispusiera ni de una sola ocasión de verdadero peligro o que los jugadores ingleses vistieran de blanco inmaculado. Lo que dejó con la boca abierta a más de un seguidor de los diablos rojos fue el planteamiento táctico de Sir Alex Ferguson. En los pubs, sentados ante la pantalla, pocos entendían cómo su equipo, que se ha caracterizado a lo largo de toda la temporada por su potencial ofensivo (probablemente el mayor de Europa), renunciaba al juego de ataque descaradamente.

Ferguson es inteligente. Su trayectoria le avala. Sabe que su conjunto es superior y que, salvo una resurrección milagrosa de los azulgranas, el Manchester ganará con contundencia en Old Trafford. Así que su objetivo era arrancar un empate de Barcelona. Para ello, no tuvo ningún complejo. Situó a Park Ji-Sun en la banda izquierda en lugar del habitual Nani. Con ello se aseguraba atar a Leo Messi (que aún así consiguió imponer su genialidad por momentos), pues el argentino se encontraba casi siempre con dos hombres defendiéndole.

Además, Wayne Rooney, lejos de ser la referencia ofensiva, se dedicó a defender como un jabato durante los minutos que estuvo sobre el campo. Sólo Cristiano Ronaldo quedaba libre de esas tareas, pues Carlos Tévez también se sumó al incansable trabajo en el centro del campo. Así, con prácticamente nueve hombres encerrados en su campo, defendiendo casi sin cesar y esperando alguna contra para explotar su conservadurismo, la mejoría en el juego del Barça no sirvió de mucho. Apenas para gozar de un par de ocasiones claras.

El Manchester tiene guardadas sus cartas para el partido de vuelta, donde realmente se preocupará de tener el balón (la posesión del esférico fue de un 65 por ciento favorable al Barcelona) y desplegará todo su potencial; aquel que le ha llevado a liderar la Premier League y a convertirse en el principal candidato a alzarse con la Liga de Campeones. Las apuestas y las previsiones de los expertos lo confirman. El Barça tendrá que volver a acordarse de cómo jugaba hace un par de años, cuando logró el máximo título continental, si quiere tener alguna posibilidad. La empresa, dado lo visto a lo largo de la temporada, se presenta ardua.

Cuando el deporte se vuelve peligroso

Desde la antigüedad, la humanidad ha considerado la práctica del deporte como algo beneficioso para la salud. Sin embargo, alcanzado un cierto nivel de exigencia, puede convertirse en mortal. Con frecuencia, deportistas de élite fallecen, bien por muertes súbitas, por dopaje, por golpes de calor o por otros motivos relacionados con el ejercicio extenuante.

En España, cada año fallecen 11 deportistas por muerte súbita y muchos más pierden la vida en todo el mundo. Las enfermedades cardiovasculares, el dopaje y los golpes de calor son las principales causas de la mortalidad en el deporte de élite.
Cuenta la leyenda del atletismo que el soldado Feidípides recorrió corriendo los 42,195 kilómetros que separaban la ciudad de Maratón de la de Atenas. Al llegar, sólo pudo anunciar que la guerra había finalizado e inmediatamente murió extenuado. Mitos aparte, el caso que hizo saltar la alarma en el deporte moderno fue la muerte de Tom Simpson. Este ciclista británico sufrió un infarto cuando ascendía una de las cumbres del Tour de Francia en 1965. Luego, se conoció que las sustancias dopantes habían provocado el paro cardiaco.

El dopaje, causa de muertes
La lacra del dopaje no sólo supone un perjuicio para la ética y la legalidad, también amenaza seriamente la salud. Son famosos los casos de los deportistas de la antigua Alemania Oriental, forzados a doparse para conseguir medallas. Muchos sufren enfermedades y discapacidades por ello. Incluso algunos, como el nadador George Severs, han muerto por consumir el Oral Turinabol, el medicamento del horror alemán.
También en Italia, el dopping ha dejado más de una viuda. Hasta cuarenta futbolistas han muerto en los últimos años aquejados de Esclerosis Lateral Amitriófica (ELA), una enfermedad degenerativa relacionada con el consumo de esteroides. Aunque los casos más llamativos los deja casi siempre el ciclismo: las muertes de Marco Pantani y José María Jiménez, después de sufrir sendas depresiones, conmocionaron al mundo.

Cuando el corazón falla
Pese a todo, ningún estudio ha conseguido demostrar que el deporte de élite sea perjudicial para la salud. Son las irresponsabilidades las que lo convierten en peligroso. Si gran parte de las muertes se producen por el dopaje, la mayoría es consecuencia de enfermedades no relacionadas con el deporte que no se detectan a tiempo.
La imagen de jugadores de fútbol que se desploman sobre el terreno de juego y no vuelven a levantarse es bastante frecuente en la televisión. Un 70 por ciento de estos fallecimientos los provocan malformaciones cardiovasculares. En algunos casos, incluso, se conoce la enfermedad: se han dado situaciones en las que los médicos recomiendan una vida sedentaria, pero el deportista decide arriesgar su vida y seguir practicando deporte. Pero cuando el corazón falla en medio de una prueba, rara vez hay solución.

Golpes de calor
Si el grueso de las muertes súbitas tiene una causa médica demostrable, existe un pequeño porcentaje en el que son inexplicables. Estos casos y el de los golpes de calor son los que levantan más suspicacias sobre los teóricos beneficios del deporte de alto rendimiento.
Una actividad deportiva muy intensa, bajo un fuerte calor, puede provocar una deshidratación y un desajuste de temperatura tan grave que cause el desfallecimiento, e incluso la muerte. Es lo que se conoce como golpe de calor.
Con frecuencia se produce en los entrenamientos de los equipos de fútbol americano, que alcanzan un nivel de exigencia altísimo, aunque también en atletismo y ciclismo. Si se actúa rápido, la vida del deportista no suele correr peligro, pero a veces, aunque se intervenga, la fatalidad resulta inevitable.

Superhombres
La motivación excesiva y el afán de superación, aunque son valores casi siempre alabados, son los principales orígenes del golpe de calor. No obstante, en ocasiones, las propias características de las pruebas deportivas sitúan al organismo en el límite de sus propias capacidades.
Los deportes con mayor número de muertes son el ciclismo y el fútbol. El primero, sobretodo en las grandes rondas, somete al corazón a una gran intensidad. Pero cada vez surgen más competiciones que quieren llevar la resistencia más lejos.
Sin la maratón es la prueba atlética oficial más dura, todavía hay carreras más extenuantes, las de ultrafondo, que se disputan sobre una distancia de 100 kilómetros. También proliferan las maratones del desierto.
Aunque la carrera más peligrosa quizás sea el Ironman de Hawai. Los participantes en esta prueba deben recorrer tres kilómetros a nado, 180 en bicicleta y 42 corriendo. Algo que puede provocar una disfunción de la bomba cardiaca.

Sin pruebas
Los estudios de los expertos, lejos de probar los perjuicios que puede tener el deporte de alto rendimiento para la salud, ensalzan sus beneficios. Varias investigaciones demuestran cómo los deportistas de élite viven más años que el resto de los mortales.
Eso sí, la comunidad médica es consciente de las muertes que asolan al deporte. Por ello, ya están desarrollando programas de prevención que permitan prevenir muertes súbitas y golpes de calor. La cuestión del dopaje es algo más problemática, pues toca otras vertientes, como la ética personal, que serán más difíciles de controlar.

Nace 'Páginas Deportivas'

Hoy ve la luz una forma diferente de entender los blogs sobre deporte. Páginas Deportivas nace con la intención de ofrecer una visión opuesta a la habitual en la prensa de este tipo. Se trata de dar una visión más analítica de lo que ofrece este mundo, más allá de los meros resultados, de especulaciones y de humo.

La web que aquí comienza su andadura busca, ante todo, reflejar lo realmente relevante del deporte con seriedad, inteligencia y un marcado estilo literario, algo similar a lo que hacen las páginas deportivas de los periódicos de tirada nacional.

No obstante, además de intentar profundizar de en los temas de actualidad, Páginas Deportivas será también un espacio donde se trate y se discuta la relación de la actividad deportiva con otros ámbitos de la vida, como la política, la economía o la cultura. Además, los momentos más grandes de la historia del deporte también tendrán un espacio destacado.

El equipo de Páginas Deportivas le da una calurosa bienvenida a esta nueva aventura periodística que aquí comienza.