Robo

“ROBO”. Con esa palabra, en letras mayúsculas, en negrita y a toda página, titulaba su portada uno de los principales periódicos deportivos españoles el 12 de abril de 1996. Al Barcelona le habían arrebatado la posibilidad de alzar su primera Euroliga al no conceder una canasta a Montero en el último segundo, cuando el defensa había taponado de manera claramente irreglamentaria. Lo vieron hasta los propios hinchas del Panathinaikos, el equipo campeón. Pero, claro, a un grande de la talla de los griegos –más en aquella época– no se le podía pitar eso. Una decisión arbitral no podía dejarles sin título.

Aquella portada, de triste recuerdo para el baloncesto español, habría podido repetirse, aunque con una fotografía distinta, esta misma semana. Chantal Julien, una de las árbitros de los pasados Juegos Olímpicos, ha reconocido públicamente lo que estaba en la mente de todos tras la final que perdió España de forma tan amarga. Hubo tongo. Hubo presiones para no señalar los pasos a los estadounidenses. Hubo recomendaciones para pitarles sólo las infracciones más evidentes. Hubo, en definitiva, un nuevo robo. La actuación de los árbitros en la final fue, como reconoció Julien, algo vergonzoso. La selección jugó uno de los partidos más épicos de su historia, pero los pasos no sancionados al rival y las técnicas recibidas, fruto de la indignación, acabaron con el sueño.

Los jugadores españoles ni se inmutaron al conocer la noticia. Como en 1996, en el caso del Panathinaikos, Estados Unidos tenía que ganar ese oro. De sufrir otra humillación, quien sabe si las estrellas norteamericanas estarían dispuestas a volver a unos Juegos. Una pérdida de dinero semejante no podía consentirse, por lo que una simple sugerencia bastó para amarrar el favor de los árbitros. Al menos, los más perjudicados, eran conscientes de ello. Los jugadores, que al fin y al cabo son los que vieron esfumarse su gran sueño, sabían del amaño (así lo ha reconocido el propio Pau Gasol). Pero ello no calma la rabia por haber visto escaparse una oportunidad histórica.

De haber ganado ese oro, el prolífico 2008 que termina, conocido ya como el año de oro del deporte español, habría sido todavía más glorioso. El baloncesto se habría unido a los éxitos del tenis, el ciclismo, el fútbol, la natación sincronizada y otros tantos deportes. Pero queda el consuelo de haber demostrado que las bases están sentadas para seguir mejorando. Los triunfos son, al fin y al cabo, consecuencia del trabajo, del sacrificio y de un entrenamiento duro y bien planificado. La selección de baloncesto, la de fútbol, Rafa Nadal, Alberto Contador, Sergio García, las sirenas de Ana Tarrés,… Todos ellos han dejado claro que, en ese sentido, las cosas se están haciendo bien. Por ello, y mientras factores externos no vuelvan a cruzarse en el camino, lo mejor debiera estar por venir.

Artículo publicado en LaSemana.es

El Barça mete miedo

Al leer el titular de este artículo, cualquier aficionado al deporte pensaría, en la mayoría de los casos, que el texto que le acompaña va a versar sobre el flamante líder de la ahora llamada Liga BBVA. No es el caso. Si los de Pep Guardiola se han erigido en un equipo intocable, capaz de humillar a cualquier otro, en la sección de baloncesto de la entidad azulgrana no le van a la zaga. El conjunto que ha armado Chichi Creus es, actualmente, el mejor de la Euroliga, competición en la que sólo ha sufrido una derrota, y el más temido, junto al líder, el Tau, en el campeonato doméstico.

Los millones invertidos este verano para firmar –con unas fichas estratosféricas– a Juan Carlos Navarro y David Andersen están ofreciendo rentabilidad. El ex de los Memphis Grizzlies se ha erigido en el líder de un proyecto que se ha consolidado de la mano del técnico Xavi Pascual. Al estilo de Joan Plaza en el Madrid de hace un par de años, Pascual ha sabido aplicar su conocimiento de la casa y de los jugadores de los que dispone para formar un grupo muy sólido. Ha inculcado a sus jugadores una enorme capacidad de sacrificio y ha sabido imbuirles en sus trabajados y minuciosos sistemas tácticos, cuestión en la que ha demostrado ser todo un experto estratega (contra el Madrid, por ejemplo, leyó a la perfección las variantes defensivas blancas y dio una lección de sistemas de ataque).

Pero a Xavi Pascual nada le habría funcionado de no haber sabido exprimir al máximo las capacidades de jugadores que estaban en el ostracismo. Fran Vázquez, relegado a un papel secundario desde que llegó al Barcelona, se ha convertido ahora en una referencia en la pintura. Tapona, rebotea y anota ante cualquier defensor. En la NBA (y en especial en Orlando, equipo que tiene sus derechos) ya suspiran por él. Daniel Santiago, que estaba sin equipo hasta que lo llamó Creus para suplir la marcha de Mario Kasun, es otro ejemplo. Parte casi siempre como titular y recuerda con frecuencia al de sus mejores años. También es mérito de Pascual el haber encontrado la mejor versión de Ersan Ilyasova, que no enseñó sus cualidades hasta la llegada del técnico a mediados de la pasada campaña. Pero lo mejor de este Barça es que, juegue quien juegue, siempre rinde a la perfección. El equipo mete miedo. En Europa se ha convertido en el gran favorito al título continental (visto que el Olympiacos no ha respondido a las expectativas). Y en la ACB, pese a un comienzo algo irregular, ya es el principal candidato al título más próximo, el de la Copa del Rey.

Artículo publicado en LaSemana.es


Análisis de la NBA I (2 de 2)

Seguimos con nuestro análisis del primer cuarto de la temporada en la NBA. En esta segunda entrega nos centramos en la Conferencia Este, de la que el año pasado salió el equipo campeón.

CONFERENCIA ESTE

Destacan en el Este dos equipos que han convencido a todos no sólo por sus resultados, sino por su solidez como equipo y por el buen juego que despliegan: Boston y Cleveland. Los Celtics son, con sólo dos derrotas, el mejor equipo de la liga. Quieren lograr el segundo anillo consecutivo y no parecen haber perdido un ápice de ambición. Habrá que ver cómo llegan Garnett, Pierce y Allen al tramo final de la temporada pero, a poco que carburen, con esa defensa que tienen será difícil que alguien se les pueda subir a las barbas.

Y si alguien lo logra en su conferencia, nadie tiene más papeletas que los Cavaliers. Desterrados los problemas de lesiones, en Cleveland se respira un ambiente que no se ve en ninguna otra franquicia. Juegan bien, se divierten, cada uno es consciente de su rol en el equipo y tienen a un LeBron James que parece capaz de todo. Mo Williams se ha erigido en la pieza elemental que faltaba para que el grupo se viera capaz de ganar el anillo. Y, desde luego, son un claro candidato a lograrlo.

Por detrás de los dos ogros de la mitad atlántica del país, apenas Orlando destaca de entre la plebe. Menos temidos que en la pasada campaña, los Magic no dejan de tener uno de los quintetos iniciales más poderosos de la liga. Pero su problema es la gran carga de minutos que estos tienen. Ninguno juega menos de 30 por partido y, a ese ritmo, llegar en condiciones a los playoffs es una quimera. Por fortuna para ellos, las lesiones todavía no se han cebado con ellos. Si lo hacen, difícil lo tendrán para mantenerse terceros ante los síntomas de recuperación que están dando Hawks y Pistons.

Los de Atlanta tuvieron una racha muy negativa, coincidiendo con la lesión de Josh Smith. Pero aún así no han conseguido mostrar la versión del pasado año. Sus jóvenes promesas no están dando tanta guerra y Joe Johnson, pese a encontrarse, tal vez, en el mejor momento de su carrera, está a veces demasiado solo. Detroit, en tanto, no ha conseguido sacar jugo a la llegada de Allen Iverson ni al retorno de Antonio McDyess. Pese a ser uno de los equipos que mejor se conoce entre sí, los años les van pesando. Además, les sucede un poco como a Orlando: cuatro jugadores se desgastan con unos 35 minutos de juego por partido y sus relevos, salvo el prometedor Rodney Stuckey, no están respondiendo.

Candidatos inesperados
Por detrás se encuentran tres equipos que están sorprendiendo por su buen rendimiento: los Heat, los Nets y los Knicks. Miami ha formado un equipo ideal para que Wade pueda explotar al máximo sus condiciones. Él se está erigiendo en el líder de un grupo que ha visto la luz con la llegada de los novatos Michael Beasley y Mario Chalmers. Del primero, incluso, se esperaba más, pero el segundo se ha destapado como un base muy completo, justo lo que necesitaba el equipo. Se notan las carencias de un triplista puro y de un center nato, principales lastres que tendrán para seguir progresando. New Jersey, en tanto, está sacando petróleo de una campaña que planteaban como de transición. Harris y Carter se están saliendo, el sistema de rotaciones funciona y las apuestas de futuro que hicieron van por buen camino. De seguir así, podrían sorprender y meterse en playoffs.

Y de New York sorprende que no se hayan sumido en la más profunda miseria tras la locura de deshacerse de sus dos mejores hombres cuando la temporada –y, por ende, la reestructuración del equipo– les estaba yendo como la seda. Vale que las salidas de Randolph y Crawford han dejado un importante margen salarial para traer a nuevos jugadores, pero meterse en esos berenjenales a mitad de temporada es sinónimo de tirar al garete la campaña cuando apenas acaba de comenzar. Con todo, la buena mano de D’Antoni se está notando. El equipo vuelve a tener identidad y, gracias a ella, siguen ganando partidos pese a las grandes limitaciones de su plantilla. Aún así, se antoja difícil que logren mantenerse en la pugna por los ocho primeros puestos.

Sonadas decepciones
Aparecen por detrás tres equipos que están rindiendo por debajo de lo esperado. El caso más sangrante, sobre todo para los intereses españoles, es el de Toronto. La llegada de Jermaine O’Neall no ha sido el revulsivo que se esperaba y los malos resultados han costado el puesto a Sam Mitchell. Cierto es que el pívot pasó un tiempo de baja por lesión, pero mientras ha estado no ha dado el rendimiento esperado. Ni él, ni Bargnani, ni Parker ni la mayoría de jugadores. El esfuerzo de Bosh y Calderón no es argumento suficiente para hacer frente a los cocos de la liga, ante los que los canadienses han recibido más de una paliza. Superar la primera ronda de playoffs, como se habían planteado, es un objetivo nada realista salvo que cambien mucho las cosas. De momento, Jay Triano no está siendo la solución. Al equipo le falta banquillo y una mayor aportación de jugadores importantes.

Tal vez la crisis más sorprendente sea la que vive Philadelphia. Sumar un jugador franquicia de la talla de Elton Brand al mismo bloque que fue la revelación del pasado año parecía la clave para aspirar a logros serios. Pero está sucediendo todo lo contrario. El equipo ha perdido explosividad, frescura e ilusión. Igualada y Brand están lejos de sus mejores números y el ex de los Clippers, salvo por unos buenos primeros partidos, no es el líder que se esperaba. Él y sus compañeros tendrán que volver por sus fueros para, de la mano del nuevo técnico, Tony DiLeo, escalar posiciones. Tampoco le están yendo excesivamente bien las cosas a Chicago. Hinrich ha pasado una buena temporada en el dique seco y el número uno del draft, Derrick Rose, se ha encontrado demasiado solo (salvo por los puntos que siempre aporta Ben Gordon). De ahí que nunca hayan cogido el ritmo y hayan sido incapaces de lograr encadenar tres victorias consecutivas. Además, el poco peso de sus pívots es un enorme lastre en muchos partidos. Pese a todo, han logrado mantenerse octavos y con visos de meterse en las eliminatorias por el título. Pero si Toronto y Philadelphia reaccionan, que sería lo lógico, deberían volar de esa posición.

Equipos correosos entre los modestos
Entre el resto de equipos del Este destacan los Bucks de Milwaukee. Nadie esperaba gran cosa de ellos, pero la llegada de Richard Jefferson y el gran descubrimiento del novato Luc Mbah a Moute les han otorgado cierto peso en la liga. Cuando Redd no ha estado lesionado y ha mostrado su mejor nivel (cosa que ha hecho en casi todos los partidos que ha disputado), los Bucks han sido capaces de hacer frente a cualquiera. Por ello, no sería extraño que acabaran dando la campanada y metiéndose en los playoffs. Los de Milwaukee han ocupado el lugar que muchos otorgaban a Indiana. Sin embargo, tras un arranque fulgurante en el que se confirmaron como el matagigantes de la liga (han doblegado a Celtics, Rockets y Lakers), seis derrotas seguidas han situado a los Pacers en su sitio. Granger, en el mejor de sus cuatro años en la gran liga, se siente demasiado solo. T.J. Ford no es un base sólido y regular, falta poderío interior y se notan las lesiones de Dunleavy y Tinsley, que no han debutado todavía. Así las cosas, los Pacers parecen condenados a quedarse en tierra de nadie.

Cierran la conferencia Charlotte y Washington. Los Bobcats, envueltos cada dos por tres en líos de traspasos, son incapaces de encontrar la fórmula. Emeka Okafor, pese a su buen rendimiento defensivo, no responde en ataque; el rookie D.J. Agustin es demasiado inexperto para tirar del carro y el resto, salvo Gerald Wallace, no son jugadores de nivel. Habrá que ver cómo responde el equipo con la salida de un Jason Richardson un tanto apagado y la llegada de Boris Diaw y Raja Bell. Bueno, en realidad habrá que ver, primero, si estos se quedan, porque ya suena con fuerza otro traspaso de ambos a New York. Con semejante trajín, poco se puede hacer. Aunque menos aún se puede hacer con un jugador tan importante como Gilbert Arenas lesionado de gravedad. Que se lo digan a Washington. Butler y Jamison se están saliendo, pero sin el Agente Cero no hay nada que hacer. El resto del equipo aporta poco o nada y, así, los Wizards no tienen mayor motivación que ganar algún partido de vez en cuando y esperar a que toque un buen número en el próximo draft.

Reacciones ilógicas

La actualidad deportiva de los últimos días, más allá del revuelo causado por el clásico entre Madrid y Barça, ha estado marcada por diferentes disparates surgidos de las privilegiadas mentes de quienes mandan en este mundo. Fue un atentado contra la lógica, por encima de todos los demás, destituir a Bernd Schuster. Ramón Calderón y Pedja Mijatovic han demostrado ser unos gestores incompetentes y las consecuencias de su mala praxis la ha pagado, como reza el tópico, el de siempre, el más fácil de relevar. El técnico alemán hizo lo que pudo con la plantilla de la que disponía, excesivamente castigada por las lesiones.

Ahora a Juande Ramos le toca lidiar con una situación extrema, que sólo parece tener solución con una alegría –bastante complicada, eso sí– a nivel europeo. Ante el Barça, su planteamiento táctico fue una clara muestra: un Madrid rácano, cerrado atrás y sin ninguna vocación por tener la pelota estuvo a punto de sorprender a los azulgranas a costa de traicionar sus principios futbolísticos. Fue como si Juande gritara a la directiva: “Esto es a lo que podemos aspirar con la patraña de equipo que habéis montado”.

Si ilógica fue la destitución de Schuster, más aún lo son los argumentos de PNV y EA para rechazar que la Vuelta a España pase por el País Vasco. “Euskadi no es España”. Ése es su contundente razonamiento. No esgrimieron ni motivos de seguridad ni económicos. Simplemente, “Euskadi no es España”. Tal vez sea que llevamos toda una vida cegados ante la evidencia y no nos hayamos percatado de que Euskadi, en realidad, es Francia. Por eso hace unos años, los mismos partidos sí apoyaron que el Tour de Francia saliera de San Sebastián. Manda narices. Al final los mayores perjudicados son los propios aficionados vascos, los más devotos del mundo de la bicicleta, que no podrán disfrutar de una ronda española cada año más emocionante.

Y, ya para finalizar, la palabra “ilógico” es un adjetivo que se queda corto para describir la decisión de Samuel Eto’o de retirar la denuncia contra un amigo íntimo suyo que abusó sexualmente de su hijo. El propio niño de seis años relató a su madre lo sucedido y ésta se ha embarcado en una lucha judicial por que el acusado acabe en la cárcel. Eto’o, en cambio, parece confiar más en su amigo que en su hijo. Hasta el propio juez de la Audiencia Provincial de Barcelona declaró que “sorprende la actitud procesal del padre del niño: más parece que ejerza la defensa de Luc (el acusado) que de los derechos de su hijo, a la vista de la claridad de las pruebas practicadas hasta este momento”. Ilógico es, desde luego. Aunque es un asunto que ya está fuera de lo deportivo. Que la justicia decida.

Artículo publicado en LaSemana.es

Análisis de la NBA I (1 de 2)

Alcanzado el primer cuarto de la temporada en la NBA, cuando todos los equipos han disputado 20 de los 82 partidos de la campaña regular, ya se pueden empezar a realizar análisis serenos y fundamentados –alejados de los más intuitivos que se suelen hacer al comienzo del año– de la situación que viven grandes y pequeños en la mejor liga del mundo.

Comparando lo sucedido hasta el momento con las previsiones de principios de temporada existen dos grandes sorpresas positivas, Portland y Denver, y otras menores, entre las que destaca New Jersey. En lo negativo, Toronto es, de largo, la mayor decepción. Aunque le siguen otros como Philadelphia, Dallas, Phoenix y San Antonio, que se encuentran muy lejos de los puestos a los que aspiraban. Pero vayamos por partes. En este artículo hablaremos del Oeste.

CONFERENCIA OESTE

Los Lakers dominan con facilidad una conferencia en la que ninguno de los gallitos que tanto cacarearon el año pasado están ofreciendo su mejor versión. A los de Pau les ha venido muy bien el regreso de Andrew Bynum, aunque no tanto por si potencial ofensivo como por el hecho de descargar de trabajo defensivo al español y dotar de mayor calidad a una rotación en la que Lamar Odom está funcionando a la perfección en su papel de sexto hombre. La extrema dependencia de Kobe Bryant es uno de los pecados que arrastran desde siempre y que todavía no han logrado resolver. Tendrán que hacerlo si no quieren que se repita la historia de las pasadas finales, pues Boston continúa igual de sólido.

A los angelinos les siguen Denver y Portland, siempre a unas tres victorias de distancia y bastante parejos con Houston y Utah. Los Blazers son, sin duda, la sensación de la liga. No sólo por que ganen, sino por la manera en que lo hacen. La lesión de Greg Oden a comienzos de la temporada lastró su inicio, un tanto titubeante, pero en cuanto ha regresado su pívot titular los de Oregón, mejorados en defensa, se han convertido en una máquina de hacer baloncesto. Oden, eso sí, no está demostrando ser ningún Dwigth Howard, pese a su corpulencia. Pero con él existen la referencia interior y la consistencia defensiva que McMillan demandaba. A ello se le suma el mejor Brandon Roy que ha visto la NBA y un amplio abanico de jugadores exteriores (cuando falla alguno, otro siempre está bien). Rudy demuestra tener cualidades para hacerse un hueco importante en la liga en cuanto coja experiencia y, de su mano (la forma en que se compenetran maravilla a todos), Sergio Rodríguez ha dado un gran paso adelante, hasta el punto de llegar a jugar tantos minutos como el base titular, Steve Blake.

Por Denver pocos apostaban después de que largasen a hombres importantes como Camby y no fichasen a nadie relevante. Sin embargo, la llegada a mitad de curso de Chauncey Billups (oriundo de la ciudad, por cierto) a cambio de Allen Iverson ha dado un vuelco a su situación. Al contrario que The Answer, Billups dota al grupo de serenidad y criterio al jugar. Denver ya no mete 120 puntos por partido, como la pasada campaña, pero ha ganado consistencia, ha mejorado en defensa y ha aprendido a manejar los ritmos del partido. En todas esas facetas ha mejorado también Houston, aunque las lesiones le han apartado de la estela de los Lakers. La llegada de Artest, como se esperaba, ha descargado de trabajo a McGrady, que ahora se lucen en labores ofensivas. Sin embargo, su triángulo mágico -a saber: TMac, Yao y Artest- pocas veces ha estado al cien por cien, pues los tres han sufrido alguna lesión. Si consiguen alejar el mal fario en esas cuestiones, no sería extraño que igualaran su marca del año pasado de 22 victorias seguidas.

Nueve equipos para ocho plazas
Utah es otro equipo al que no han respetado las lesiones. Okur, Williams y Kirilenko cayeron a la vez y, por ello, perdieron tres partidos seguidos. Y ahora atraviesan otro pequeño bache por la baja de Carlos Boozer. Pero cuando han estado todos, los Jazz han demostrado que son uno de los equipos más completos, con mayor y mejor rotación de banquillo. Okur y Millsap han mejorado enormemente en la pintura, lugar donde más flaqueaba el equipo. Con ellos y con un Ronnie Brewer que está cuajando su mejor temporada, el título de conferencia no es ninguna quimera. Tampoco lo es para New Orleans, aunque los Hornets distan mucho del conjunto que maravilló en 2007. Posey no ha aportado lo que se esperaba de él, y tanto Stojakovic como Chandler han bajado su nivel. Así, Chris Paul y David West están demasiado solos como para que la cosa funcione.

Por detrás se encuentra un terceto de equipos que, si bien aspiraban al anillo, parecen muy distantes de su objetivo. Que Phoenix tuviera que prescindir de su cerebro, Steve Nash, y de Shaquille O’Neall durante varios partidos no es excusa alguna para su situación. El equipo ha demostrado que le falta rigor defensivo y que las individualidades de Nash, Stoudamire y O’Neall (éste último, cuando aparece) son argumentos insuficientes para pelear con los grandes (su racha de cuatro derrotas seguidas lo demuestra). Dallas empezó de pena (con un balance de 2-7), pero al menos está dando síntomas de reacción. Nowitzki ha recuperado su mejor forma y el equipo, aunque echa de menos a un cinco dominante, se ha convertido en uno de los más consistentes del campeonato. San Antonio, en tanto, arrancó casi igual (balance de 2-5), pero recuperar a Tony Parker y Manu Ginobili les ha dado aire. Si el argentino recupera su mejor cara (no parece fácil tras el calvario que ha pasado con la lesión), podrán estar arriba.

La lucha por ser el peor
Salvo sorpresa mayúscula, entre esos nueve equipos citados parece que van a estar los ocho que disputen los play-offs. Porque entre ellos y el resto existe todo un desierto. De hecho, como sucede todos los años, muchos sólo aspiran ya a perder los máximos partidos posibles para tener más opciones de llevarse el número uno del draft de 2009 (previsiblemente será Ricky Rubio). Memphis carece de peso interior cuando Marc no cuaja un partido soberbio, pese a que O. J. Mayo y Rudy Gay están estelares (en especial el primero, uno de los grandes candidatos a rookie del año). Golden State cometió una locura al cambiar a Al Harrington por Jamal Crawford para reforzar la posición que menos les hacía falta mejorar, la de alero (en ella se ha destapado el desconocido Anthony Morrow). El resto del equipo es mediocre.

Tampoco es nada del otro mundo Sacramento, a quien salva de vez en cuando su buen rendimiento cuando juega como local. Minnesota no ha encontrado con Kevin Love y Mike Miller la inteligencia que buscaba y ha empezado a tirar de músculo para intentar sumar alguna victoria. A los Clippers no se han acoplado ni los múltiples fichajes veraniegos ni los de mitad de año (Zach Randolph y Collins). Baron Davis no consigue coger los mandos y los esfuerzos de Randolph y Thornton, sus dos mejores hombres, no compensan la falta de tiradores (la salida de Cuttino Mobbley en el traspaso con los Knics ha empeorado más si cabe esa carencia). Por último, Oklahoma City es el Seattle del año pasado, pero elevado a la cuarta potencia. La muñeca de Kevin Durant sólo ha bastado para conseguir dos victorias (y pocas más pueden lograr).

Perder intimidad para ganar credibilidad

Si cualquier persona con un mínimo manejo de Internet pudiera saber dónde se encuentra usted en cada momento, qué viajes tiene planeados o cuáles son los resultados de sus últimos análisis de sangre lo lógico es que usted, sujeto espiado, se sintiera cuanto menos algo molesto. Para un ciclista sospechoso de dopaje, en cambio, este es el pan de cada día. La situación ha llegado a un punto extremo en dos casos muy llamativos. Lance Armstrong, acusado por el diario francés L’Equipe de haber ganado varios Tours de Francia dopado, e Ivan Basso, recientemente reincorporado a la competición tras cumplir una sanción por doping, han perdido gran parte de su intimidad.


Existen dos páginas web en las que Armstrong (http://twitter.com/lancearmstrong) y Basso (http://www.mapeisport.it/) narran la evolución de sus entrenamientos, de sus niveles de hemoglobina en sangre e, incluso, de sus relaciones personales. Es el precio que han de pagar por regresar a la competición tras un periodo de ausencia y bajo la oscura sombra del dopaje. En el caso del estadounidense, las sospechas sobre su persona le han empujado a crearse una página en twitter.com en la que publica, a través de su agenda electrónica, cometarios sobre cada reunión, entrenamiento o acto público y privado que desarrolla a lo largo del día (ha llegado a informar sobre sus actividades hasta 24 veces en 24 horas). Mientras, el equipo del italiano redacta cada día una especie de diario de entrenamiento en el que se detallan las variaciones de su forma física y se revelan los resultados de los diferentes controles a los que es sometido (la foto de arriba es una de las que ha publicado más recientemente).

Tanto Armstrong como Basso (y sus respectivos equipos) pretenden, de esta forma, lavar una imagen que, en el caso del segundo más que en la del primero, se ha visto deteriorada por escándalos de dopaje. Ambos dicen estar dispuestos a todo para demostrar transparencia y limpieza. Haber cedido parte de su intimidad y ser pioneros en tales iniciativas para colaborar a la desinfección de un deporte enormemente contaminado son cosas que les honra. Pero tampoco debe uno pecar de ingenuo. El mundo del ciclismo lo ha hecho con frecuencia (el Caso Festina fue la bofetada que los despertó, por primera vez, de su ensoñación) y lo ha pagado. Por ello no hay que olvidar que, al fin y al cabo, Armstrong y Basso no cuentan nada más allá de lo que les interesa que se sepa. Si están siendo realmente sinceros y limpios, la experiencia lo ha demostrado, es algo que puede que nunca se llegue a saber.

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