Chambers tomó 300 drogas distintas en un año

En España apenas ha tenido repercusión, pero en Reino Unido lleva mucho tiempo centrando un intenso debate. Dwain Chambers, que permaneció dos años suspendido tras haber reconocido doparse con THG, la sustancia con la que el famoso entrenador Trevor Graham formaba a sus atletas, está intentando redimirse.

En Inglaterra, sin embargo, no quieren ni oír hablar de él. De hecho, la presión de gran parte del país (medios, afición y dirigentes) propició en su momento que Chambers se quedara fuera de los Juegos de Pekín 2008. Ahora, con lo que acaba de publicar en su autobiografía, seguro que quienes le odian estarán todavía más exasperados.

En el libro, que el atleta ha titulado Mi carrera contra mí, Chambers reconoce que llegó a consumir 300 tipos de drogas en solo un año, con el fin de rebajar su plusmarca personal de los 100 metros, prueba en la que compite. Y lo más impactante es que durante ese periodo de tiempo hubo de someterse a diez controles antidopaje que resultaron negativos.

“En doce meses, tomé más de 300 mejunjes distintos, un año de tratamiento costaba 30.000 dólares”, reconoce. “No me limité solamente al THG, la EPO o el HGH, o a la testosterona que me ayudaba a dormir y reducir el colesterol, también me estuve inyectando tres tomas de insulina en la parte baja del estomago nada más salir del gimnasio”, añade.

Si uno se para a pensar, tiene cierta lógica que en los análisis de su sangre y su orina no se detectara el THG, pues esa sustancia, hasta que se destapó el caso BALCO, era indetectable. Pero lo que más sorprende, y lo que pone de manifiesto la ineficacia de Asociación Mundial Antidopaje (AMA) para descubrir a los tramposos, es que ningún test descubriera alguna de las 299 sustancias restantes.

El propio Chambers lo reconoce: “Necesité unos cuatro meses para completar mi programa de cómo convertirme en el hombre más rápido del mundo, empleando drogas casi todos los días, prácticamente era un yonqui andante. Además los sistemas modernos antidopaje no detectaban nada, porque mi evolución y desarrollo físico era controlado rutinariamente por los especialistas”.

El sufrimiento del tramposo

El que los tramposos van siempre por delante de quienes intentan cazarlos es, ya se sabe, uno de los grandes puntos negros de la lucha contra el dopaje. Otro de ellos es el de las consecuencias fisiológicas y sicológicas que ello supone para quienes someten su cuerpo al poder de las drogas. En ese sentido, el testimonio del que da cuenta la autobiografía de Chambers es desgarrador.

“Cuando estaba limpio, mi mejor marca personal era de 9,97 segundos. Sólo un año después de soportar noches en vela, ansiedad, el dolor de los pinchazos, los análisis de sangre para asegurarme de que no sufriría un trombo y la frustración de perderme muchas carreras, mi marca personal era de 9,87 segundos”, reconoce en el libro.

Chambers también destapa los motivos que le llevaron a doparse, que son comunes al del resto de tramposos: “Mi mayor motivación era el miedo a lo que podía pasar si no estaba a la altura. Tenía un contrato firmado con Adidas por el que me reduciría los ingresos si no estaba entre los tres mejores del mundo, lo que me convenció de que tenía que seguir adelante con las drogas”, asegura.

El caso de Chambers es, además, una muestra de que ni siquiera con la trampa se alcanza el éxito (vale que sus rivales por entonces, como Montgomerie y Green, estaría incluso más dopados). Se dopó durante años, pero en todo ese tiempo su mayor logro fue un oro europeo por relevos (ni siquiera individual), del que luego le desposeyeron. “Me di cuenta de que no estaba cuidándome a mí mismo, porque mi cuerpo rechazaba todo lo que le metía, pero seguí tomándolo hasta el momento en el que fui descubierto”.

Con todos estos fragmentos que ha ido adelantando el Daily Mail, el libro, aunque sea una forma de ganar dinero vendiendo una vida, parece que promete. Muestra la cuestión del dopaje desde otra perspectiva, la del atleta que padece todo tipo de calamidades como consecuencia de sus actos. Ello, obviamente, no convierte a Chambers en un santo. Pero este tipo de relatos siempre ayudan a que los deportistas jóvenes vean en dónde no deben meterse y a las autoridades, para que se pongan las pilas en su lucha contra el dopaje. Si quieren leer más, el Daily Mail seguirá publicando, uno a uno, todos los capítulos de la autobiografía.

3 comentarios sobre " Chambers tomó 300 drogas distintas en un año "

  1. Buff...que barbaridad. Esperemos que todo sea limpio en Usain, el redentor de una velocidad dominada por la química.

  2. Como dice Jr, y por el bien del atletismo actual, esperemos que Bolt no caiga en el error de un Chalmers que era de mis preferidos cuando era mas pequeño.

  3. perdoná que te responda recién ahora, no preste atencion al blog... pero bueno, yo te agregué a mi lista de enlaces... agregame vos ahora...

    saludos y muy buen blog!

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