No puede ganar Oprah

Acoger unos Juegos Olímpicos es uno de los mejores negocios que un país puede realizar en la actualidad. Por eso, estos días en Copenhague, donde se dirime quién será la afortunada ciudad en albergar la cita de 2016, han desembarcado las personalidades de mayor peso internacional, con la intención de atraer los preciados votos de los miembros del COI.

Madrid, Tokyo, Río de Janeiro y Chicago han realizado un gran esfuerzo para lograr que los personajes más influyentes ligados a su candidatura viajen a Copenhague a ofrecer su apoyo en persona. La delegación española la encabeza el Rey Juan Carlos, a quien también acompañará José Luis Rodríguez Zapatero. Por la ciudad japonesa estará también, tras cambiar de opinión a última hora, el primer ministro, Yukio Hatoyama, seguido de una larga lista de deportistas. La cabeza visible del proyecto brasileño será Lula da Silva, bien escudado por Pelé. Y, por último, Chicago ha confiado su suerte a su mejor embajador, Barack Obama, a deportistas como Michael Johnson y a -no se lo pierdan- Oprah Winfrey.

Así es. En uno de los acontecimientos más serios y trascendentales en lo referente a política deportiva a nivel mundial, los estadounidenses han decidido llevar como representante a la presentadora de El Diario de Patricia (en su versión norteamericana, se entiende). He aquí una prueba más de que a estos gringos no les funciona muy bien el intelecto.

Sabedores de que las altas esferas del Comité Olímpico Internacional están plagadas de personas con títulos nobiliarios, ricachones y gentes cercanas a la Alta Alcurnia, las oficinas de las ciudades que aspiran a lograr los Juegos intentan siempre arrimarse a quienes se manejan en esas esferas. Así, Juan Antonio Samaranch y la familia real española, por sus contactos y sus buenas relaciones con muchos de los miembros del COI, han sido siempre un buen imán para los votos. Lo mismo sucedió con Londres y Sebastian Coe o, en el caso de Chicago, con Obama (obviamente, la persona más influyente del mundo en la actualidad).

Resulta por ello difícil de comprender qué se les pasará por la cabeza a los estadounidenses para pensar que Oprah Winfrey les ayudará a ganar. A lo mejor se han fijado en la lista de Forbes que la sitúa como la segunda mujer más influyente del mundo. Pero es que precisamente esa lista -elaborada también por estadounidenses, por supuesto- es otra locura de similar nivel (baste decir que la primera es Angelina Jolie). Pueden haber pensado también que en el resto del mundo Oprah es un ejemplo a seguir como lo es para ellos (otro argumento a favor de su paupérrima estabilidad mental). O pudiera ser que tengan pruebas fehacientes de que en el COI se pasan las noches, como ellos, enganchados a la CBS.

Pero, no nos engañemos, presentar a un evento de tal pedigrí a la María Teresa Campos de turno es algo que sólo se les podía ocurrir a ellos o a Sasha Baron Cohen (por motivos totalmente distintos, claramente). No me extrañaría que hasta algún miembro del COI (a los más elitistas, me refiero) lo valore negativamente, porque la imagen que transmiten con ello es de auténtico cachondeo.

Madrid no ganará. La estadística y la lógica están en su contra y ambos factores apuntan hacia el continente americano. Chicago, en concreto, tiene las de ganar, por Obama y por la gran cantidad de patrocinadores que han conseguido atraer. Río de Janeiro, por aquello de la rotación de continentes (aunque en el COI digan lo contrario, es un argumento prioritario), puede ser el gran tapado. Y ojalá así suceda. Perder estas votaciones es de esperar (por mucho que Samaranch hijo asegure tener atados entre el 25 y el 50 por ciento de los votos). Pero perder contra Oprah Winfrey sería algo muy embarazoso. Ni Tokyo, ni Río ni Madrid deberían desaprovechar semejante cagada del adversario.

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Gentuza

Resulta alarmante comprobar cómo, en el mundo del fútbol, las noticias que no atañen a Real Madrid y Barcelona, por muy importantes que sean, pueden pasar totalmente inadvertidas. En la mayoría de ocasiones se pierden en las páginas de la prensa regional, y muy rara vez alguien se fija en ellas y las rescata para algún medio nacional. Es lo que ha sucedido con la agresión que sufrió este aficionado del Lugo a manos de sus propios compañeros de grada. Su delito: intentar confraternizar con la afición rival.

Ocurrió hace casi un mes. Antonio, un aficionado del equipo lucense, promovió una curiosa iniciativa para fomentar las buenas relaciones con los hinchas de la Ponferradina, rival de su mismo grupo de la Segunda División B. Al Lugo le tocaba jugar en casa el domingo por la tarde ante el Mirandés, mientras que el conjunto berciano debía disputar su encuentro esa misma mañana en La Coruña. Por la experiencia de otros años, Antonio sabía que cuando sucedía algo así varios aficionados de la Ponferradina acostumbraban a hacer un alto en el camino a su regreso de Coruña para ver el partido del Lugo. Y por ello se le ocurrió proponer a la directiva realizar una invitación formal a los seguidores blanquiazules, proporcionándoles entradas a un precio especial, para que fueran más quienes se decidieran a hacer una parada en Lugo para animar al equipo vecino.

Pero, en su afán por estrechar lazos con la afición de uno de sus rivales en Segunda B, Antonio no contó con que, por desgracia, los estadios de España están repletos de una especie de seres humanos cuyo reducido cerebro no les permite comprender el significado de la confraternización: los ultras. En Lugo, en concreto, existen las Brigadas Antifascistas Lucenses, un grupo de radicales todavía más ignorantes de lo habitual, pues al hecho contrastado de que todos los ultras suelen tener la inteligencia de una mosca se suma, en este caso, la inmadurez de la juventud.

Antonio no pensó que su detalle con la afición de Ponferrada fuera algo malo. Pero a esa panda de críos que se proclaman comunistas sin saber siquiera quien fue Lenin sus reducidos cerebros les rebelaron que tender la mano al contrario suponía una traición y que, por tanto, como buenos hinchas del Lugo, debían liarse a navajazos con el promotor de la iniciativa. Antonio recibió dos puñaladas y varios puñetazos a manos de cinco de esos chavales descerebrados, que ni siquiera tuvieron el valor de atacarle de frente.

El protagonista de esta historia ha salido bien parado. Pero muchos otros no han corrido tanta suerte. Y lo peor es la actitud general de aceptación hacia el hecho de que sigan existiendo este tipo de grupos. Los propios equipos los miman, proporcionándoles entradas a mejor precio y facilitándoles los desplazamientos. Y la prensa no informa hasta que no hay muertos. Si un portero de Segunda B marca un gol desde su propia portería sale en todos los medios, pero si en la misma categoría sucede una barbaridad de este calibre a nadie le parece destacable.

Si se les tratara como merecen, toda esta gentuza tan propensa a la violencia debería tener la entrada prohibida a todos los estadios de España. El problema es que hasta que las cámaras no cazan a uno en plena acción, todo el mundo se lava las manos, incluso sabiendo con nombres y apellidos quiénes son los instigadores de todos los actos de delincuencia que comenten estos grupos. Así por todos los campos de España siguen proliferando los descerebrados violentos. Y hasta los chavalitos de 15 años deciden agruparse, tomando la ideología que más gracia les haga –bien de extrema izquierda o bien de extrema derecha–, para formar su propia peña radical. Es una pena para este deporte, pero esta dinámica está ya tan arraigada a la propia cultura futbolística que va a ser casi imposible encontrar la solución.

Artículo publicado en LaSemana.es


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La rabia de Alberto Hevia

Alberto Hevia es un piloto como la copa de un pino. Lleva nada menos que 18 años pateándose los rallys de toda España, desde los más desconocidos a los del Campeonato de España. Casi dos décadas de dejarse la piel por un deporte que ama y en el que la afición le ha tenido, por ello, un especial cariño. Por eso a uno se le parte el alma al ver lo que le sucedió en el Rally Príncipe de Asturias.

Hevia disputaba por primera vez en su carrera una prueba del Intercontinental Rally Championship (IRC), la segunda competición más importante de este deporte a nivel internacional. La ilusión de correr en casa le motivó de tal manera que en el último tramo de la prueba se había asegurado la segunda posición.

Sólo tenía que levantar un poco el pie del acelerador y asegurar su posición. Pero, aún manteniendo su coche por el centro de la pista y sin pisar las cunetas, sufrió un pinchazo en una de sus ruedas y se derrumbó por completo. La grabación de sus lamentos es conmovedora. La rabia que debía sentir en ese momento es entendible, pues había plantado cara a algunos de los mejores pilotos del mundo para acabar segundo en la general y estaba a punto de ganar la prueba del Nacional de Asfalto.

Pero Hevia es un grande, y seguro que tendrá más oportunidades como esta en las que la suerte sí le sonreirá. Desde aquí vayan nuestros mejores deseos para él.

Y siguiendo con los vídeos que más nos han llamado la atención esta semana, aquí tenemos unas cuantas curiosidades:

  • Terrell Owens, uno de los mejores receptores de la NFL, regresó a la que había sido su casa cargado de rencor. Los Dallas Cowboys le habían cortado por su carácter controvertido. Y como venganza, cuando logró un touchdown, se fue corriendo a celebrarlo sobre el escudo de su ex equipo. La primera vez nadie reaccionó. Pero a la segunda se llevó un merecido correctivo por su feo detalle.
  • A este aficionado nadie le tocó un pelo. Pero tampoco le habría venido mal que le midieran un poco el lomo para enseñarle algo de educación. Ya resulta cansino ver a tanto payaso con excesivo afán de protagonismo interrumpiendo partidos de fútbol.
  • Aquí el polémico vídeo de Massimo Bussaca. ¿Realmente meó en el campo? O, aunque no lo hiciera, ¿se sacó el pene en medio de un partido?
  • Una gran idea para hacer algo de deporte cuando se te inunda el pueblo en la época de lluvias: el diluvio-boarding.



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La afición del QPR, contra Briatore

Nelson Piquet Jr. ha consumado su venganza y Flavio Briatore es ya un apestado dentro del mundo del deporte. Incluso en los campos de fútbol. Desde hace dos años el italiano es dueño, junto con Bernie Ecclestone, del mítico equipo londinense Queens Park Rangers. Pero su aventura en las islas británicas parece haber llegado también a su fin.

La expulsión de Briatore de la Fórmula 1 por las supuestas trampas que ideó en el Gran Premio de Singapur de 2008 no han sentando nada bien en Inglaterra, donde el juego limpio y la educación son requisitos casi obligados hasta para salir a la calle. Políticos, abogados y seguidores del QPR se han levantado en los últimos días a favor de su expulsión del fútbol inglés, defendiendo que no está capacitado legal ni moralmente para seguir al frente del equipo.

Briatore compró hace dos años el Queens Park, en una asociación a medias con Ecclestone, para intentar devolver al equipo a la máxima categoría. Se nombró a sí mismo director deportivo, además convertirse en el presidente de la empresa que pasó a gestionar el club. En todo este tiempo, las ha liado bastante pardas. Ha convertido Loftus Road, estadio del QPR, en un lugar de encuentro para la alta sociedad (modelos, famosos, ricachones varios, etc.). De hecho, subió el precio de las entradas a cifras que la mayoría de hinchas ya no se pudo permitir, lo que volvió a la grada en su contra. Y si a eso se le suman los malos resultados deportivos, es de entender que no lo quieran ver ni en pintura.

El Crashgate, como llaman en Inglaterra al escándalo del amaño de Singapur, ha dado a esa afición descontenta la ayuda necesaria para conseguir que Briatore se largue. Legalmente, las normas de la federación inglesa estipulan que ninguna persona que haya sido expulsada de cualquier otra federación deportiva puede tomar parte en un equipo de fútbol. Varios abogados londinenses (seguramente fans del QPR) han alzado la voz en defensa de esa reglamentación y en contra de Briatore.

El problema es que la FA (Football Asociation) no puede, por propia convicción moral, mover un dedo sin que antes Briatore haya tenido un juicio justo. Y el italiano ya ha anunciado que recurrirá a la justicia (probablemente a algún juzgado de Londres) para intentar limpiar su nombre. Aún con eso, es probable que la FA le someta a una vista propia para que pueda explicarse. Y si, con todo, finalmente deciden suspenderle, sólo podrían quitarle el cargo de director del equipo, ya que resultaría harto complicado apartarle de la presidencia de la empresa dueña del club.

En todo este lío han aparecido hasta miembros del ministerio de Deportes, que piden con vehemencia la expulsión de Briatore. Aún así, también hay quienes no ven tan claros los beneficios de su expulsión. Un amplio sector de la afición del QPR teme lo que pueda pasar si la FA acaba expulsando al que actualmente es el principal soporte económico de su equipo. Aunque tal vez Bernie Ecclestone puede tener ya todo planeado, pues corre el rumor de que ya negocia la venta del 20 por ciento de las acciones del club con Amit Bhatia, nuero del octavo hombre más rico del mundo, Lakshmi Mittal.

En cualquier caso, lo que está claro es que va a costar mucho más resolver este dilema de lo que le costó a la FIA poner punto y final al Crashgate. Hay que entenderlos. Son ingleses y no pueden dar un paso sin consultar con todo ser viviente que se encuentre en veinte metros a la redonda.

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La importancia del factor anímico

España demostró en el Eurobasket el imprescindible papel que la motivación y la salud psicológica juegan en el mundo del deporte. De ser un equipo apático que rozó el ridículo ante una selección del nivel de Gran Bretaña, el combinado español pasó a mostrarse como un bloque intocable que arrasó con todo el que se cruzó en su camino hacia el oro. Y todo ello se debió a un juego de emociones que acabó derivando por la vertiente más beneficiosa.

Tras varios partidos ofreciendo una imagen pésima, el verse heridos en su orgullo, ninguneados y criticados por todos fue el principal motor del éxito del equipo. La misma España que tantas lagunas defensivas había mostrado en la primera fase del Eurobasket, desplegó una contención impresionante en los siguientes partidos. La excelente defensa fue el principal sustento de una selección que jugó como los ángeles, sucesivamente, ante Lituania, Polonia, Francia, Grecia y finalmente Serbia. Todos ellos padecieron en sus carnes la ira de España, conjurada para ganar como si se tratase de una cuestión de honor, y se marcharon con un severo correctivo a las espaldas.

Sergio Scariolo, genio de la táctica, había fallado a la hora de motivar a un grupo de jugadores demasiado acostumbrados a ganar. Además, los excesivamente numerosos e insípidos amistosos disfrutados habían habituado al equipo a vencer sin esforzarse. Pero la casta es algo que nunca se pierde, aunque a veces permanezca en el olvido. Y los jugadores españoles dejaron claro que, cuando hay calidad, basta con estar lo suficientemente motivados para pelear y dejarse la piel en cada jugada para lograr el objetivo.

Cabe destacar también el papel de líder ejercido por Pau Gasol. El haber conquistado el anillo de la NBA ha dotado al catalán de un halo de confianza que invade la pista. Él mismo se ve capaz de lograr canastas imposibles y ello es un enorme sustento anímico para sus compañeros. Cuando las cosas no van bien, Pau es la respuesta. Y así sucedió en el Eurobasket, donde el de los Lakers fue nombrado MVP con total merecimiento. Conste que siempre he considerado que Pau es un jugador sobrevalorado. Pero esta vez merece todas las alabanzas.

Artículo publicado en LaSemana.es

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Estudiantes, el nuevo 'Atleti'

Hay quien echa de menos las cómicas campañas de abonados del Atlético de Madrid. Muchos han demandado a Enrique Cerezo que prosiguiese este año con la tradición, cosa que finalmente no ha sucedido. Cierto es que los del Atleti eran anuncios de los que se agradece ver en los cortes publicitarios. Por eso, esta temporada han dejado un pequeño hueco vacío en el minutaje de las televisiones. Pero, al menos en la Comunidad de Madrid, ya han encontrado un sustituto de altura.

Nuestra habitual sección de vídeos semanal la inaugura esta vez la nueva y surrealista campaña de abonos del Estudiantes. Tiene gracia que los jugadores de la primera plantilla se hayan dejado embarrar de esa manera. Pero lo mejor es la caracterización de Nacho Azofra, con ese atuendo tan silvestre que no le pega ni con cola. Está un poco forzado lo del "abono", pero con esa actuación estelar de Azofra, como para no reirse.

Otros vídeos que han tenido un amplio recorrido por la red esta semana son:



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Piquet Jr., ¿héroe, capullo o tonto?

El caso de Nelson Piquet Jr. es bastante desconcertante. Sólo se me ocurren dos opciones. O es tonto o ya debía tener muy claro que, tras mostrar unas limitadas dotes en su año y medio como piloto de Renault, ninguna escudería iba a ofrecerle jamás otro volante en la Fórmula 1. De otra manera no se explica que se haya metido en semejante lío. Porque, sea verdad o mentira lo que cuenta, una cosa está clara: después de esto ninguna escudería querrá tener entre sus filas a un tipo de su calaña.

No pretendo hacer una defensa patriótica de Fernando Alonso. Piquet dice que, siguiendo órdenes de equipo, estrelló su monoplaza en el Gran Premio de Singapur 2008 con el objetivo de favorecer al asturiano. Y si esas acusaciones resultan ser verdaderas -y la cosa huele a que dice la verdad-, Alonso tuvo que saber lo que se cocía, bien antes o bien después de que sucedieran los hechos. Así que él también será culpable -aunque seguramente nadie lo pueda demostrar- de ocultar las trampas que hicieron sus superiores.

Pero la implicación o no de Alonso en lo que podemos llamar el Singapurgate es lo de menos. Lo que más llama la atención de todo esto es la impronta de Piquet Jr. (y de su padre, que seguramente sea el hostigador de todas las meteduras de pata de su hijo). Me explico. Y empiezo por el principio. En 2008, el brasileño llegó a la parrilla de la Fórmula 1 con todas las de la ley, pues en su currículum contaba con un subcampeonato de la GP2 y sendos títulos de la Fórmula 3 británica y de la sudamericana. Renault apostó por un joven que prometía.

Sin embargo, ya en su primera temporada demostró que la F1 se le quedaba grande. Nueve retiradas, 13 de 18 grandes premios sin conseguir un sólo punto y una única actuación meritoria: un segundo puesto en Alemania, logrado gracias a la afortunada aparición del coche de seguridad en el momento apropiado. En Renault se dieron cuenta de que Piquet tenía más nombre y enchufe que calidad, así que no es una locura pensar que, efectivamente, en Singapur a una mente retorcida del equipo se le ocurriera ofrecerle la renovación a cambio de estrellarse voluntariamente para propiciar la victoria de Alonso.

Lo que ya dice mucho de él como piloto de Fórmula 1 es que aceptase el trato. ¿Alguien se imagina a Alonso o a Lewis Hamilton, dos ganadores natos, estrellando su coche a propósito para que gane su compañero de equipo? Sólo por eso, si se confirman los hechos, Nelsinho habrá perdido ya gran parte del respeto, seguramente escaso de por sí, que le profanaba el resto de la parrilla.

Pero a esto hay que unirle el hecho de que sólo decidiera hacer justicia cuando, tras demostrar esta temporada que como piloto no vale un duro (hasta Luca Badoer podría haberlo hecho mejor que él), Renault decidió prescindir de su servicio. La imagen que deja con ello es totalmente deplorable. No denuncia a sus antiguos jefes por tener la convicción moral de que las trampas deben ser castigadas. No lo hace por la justicia. Lo hace por venganza, por joder, por devolverles la patada en el culo. Lo hace cargado de odio, azuzado por el orgulloso de su padre y con la característica vena hinchada en la frente de quien actúa con el mal como motor.

El futuro de Piquet Jr.

Nos encontramos, por tanto, ante un Piquet que ha demostrado ser un piloto mediocre, capaz de estrellar su coche para conseguir un contrato que no pudo ganarse en la pista y tan mala persona como para destapar los trapos sucios de su equipo una vez que ya no forma parte de él. Está claro que, ante estas evidencias, ninguna escudería de la Fórmula 1 le dejará siquiera acercarse a su paddock. Nadie le ofrecerá un volante (salvo que alguno de los nuevos equipos ceda al atractivo de contar con el hijo de una leyenda) y con sólo 24 años puede haber dicho adiós a su carrera en la Fórmula 1.

Será complicado condenar a nadie de Renault a no ser que uno de los implicados cante. Pero la escudería francesa seguirá en la Fórmula 1 y Fernando Alonso también (probablemente en un Ferrari). El que tiene más posibilidades de caer es Flavio Briatore, por ser el director del equipo y porque las ansias de venganza de Piquet se dirigen principalmente hacia él. La pregunta es si merece la pena poner fin a tu carrera para ver hundirse a quien te ha pegado la patada. Porque está claro que Piquet y sus allegados tenían que saber que todo este embrollo en el que se han metido les iba a perjudicar enormemente. O eso, o son tan tontos que no se les pasó por la cabeza semejante evidencia. Después de todo esto, a ver de qué les sirve el poder del enchufe y las influencias de papá.


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Participamos en los Premios Bitácoras

Acaba de inaugurarse una nueva edición de los Premios Bitácoras, en los que estamos inscritos. Si sois usuarios de Bitácoras.com y creéis que Páginas Deportivas merece uno de vuestros votos en la categoría de Deportes, será de agradecer vuestro apoyo. He aquí el enlace a la página desde la que podéis votar.

Aprovecho para daros las gracias a todos los que nos habéis votado en los Premios 20Blogs. A falta de dos días para que concluyan las votaciones, parece que vamos a acabar en la tercera posición de la clasificación de Deportes.

¿Qué falla en la selección?

Resulta complicado comprender cómo un grupo de jugadores que cuenta con el honor de ser el vigente campeón del mundo, que rozó el oro olímpico ante el todopoderoso Dream Team y que hace unos días maravillaba con su juego en los partidos de preparación se ha convertido, de la noche a la mañana, en un equipo del montón. De ofrecer la sensación de dominar todos sus partidos con carácter de campeón, España ha pasado –desde la derrota ante Lituania en su último encuentro amistoso– a mostrarse endeble y vulnerable en cada una de sus actuaciones.

España juega mal, pierde la concentración con excesiva frecuencia y sufre para resolver aguantar el empuje de sus rivales, sobre todo en los minutos decisivos. Y todo ello denota una preocupante falta de motivación y una hasta ahora desconocida inestabilidad en el plano sicológico. Los jugadores son prácticamente los mismos, aunque la ausencia del mejor base español, José Manuel Calderón, está siendo un problema que ni Ricky Rubio, ni Carlos Cabezas ni Raúl López son capaces de resolver. La calidad global de la plantilla tampoco es menor a la del equipo campeón del mundo. Y la compenetración entre ellos debe ser casi absoluta, pues por mucho que hayan entrado un par de jugadores nuevos en la rotación, Sergio Llull y Víctor Claver, ambos se han acoplado a la perfección.

Así pues, descartando todos esos posibles factores para explicar el bajón de rendimiento, sólo se me vienen a la cabeza otras tres causas plausibles: el aspecto sicológico, la influencia del nuevo entrenador y las lesiones. Empezando por el último, está claro que las constantes bajas sufridas han trastocado el ritmo de trabajo y han desequilibrado el juego. Jorge Garbajosa ofrece al bloque unas variantes ofensivas que ningún otro pívot es capaz de dar y su ausencia ha restado poderío al juego interior. También fue importante la baja de Rudy Fernández ante Serbia. Pero en cualquier caso no hay que olvidar que con Pau Gasol lesionado España fue capaz de ganar un Mundial, por lo que escudarse en esos desafortunados percances sufridos es totalmente inadmisible.

Nos queda pues atenernos al cambio de entrenador y al dudoso grado de motivación del grupo para encontrar las claves del fracaso –que no será tal si consiguen recuperarse– de la selección. Ambos factores se encuentran ligados de una forma casi esencial. Uno de los principales logros de Pepu Hernández y Aíto García Reneses fue el obtener de sus jugadores unos niveles de motivación y de sacrificio incomparables. A veces el éxito en el baloncesto radica en cosas tan sencillas como bajar el culo. Y precisamente eso, dejarse la piel en defensa, es algo que esta selección ha hecho con cuentagotas durante el Eurobasket.

Por encima del hambre de triunfos y el buen ambiente que reinaban en la España pre-Scariolo, en la actual selección priman la apatía, las dudas y las caras largas. Y eso es algo que debe achacársele en gran medida al entrenador. Sergio Scariolo, uno de los técnicos más inteligentes del baloncesto europeo, es un genio de la táctica. Pero en una selección tan rodada y con tantas estrellas, resulta casi más importante su labor de sicólogo, de motivador. Y ahí es principalmente donde está fallando. España tiembla cuando los rivales aprietan, se muestra inconsistente en los lanzamientos y es incapaz de mantener la concentración defensiva durante más de un cuarto.

Lo peor es que la bola se va haciendo cada vez más grande. Los resultados cosechados, las malas sensaciones, las críticas y las polémicas van mermando cada vez más el ánimo de los jugadores, poco acostumbrados, por otra parte, a encontrarse en situaciones de este tipo. Ahora que el agua está ya por encima de la barbilla, parece que sólo un arrebato de casta y de orgullo –de eso Felipe Reyes puede dar más de una lección entre sus compañeros– permitiría reconducir la situación. Aunque hará falta mucho más que eso para conquistar el ansiado oro. Incidentes como la salida de tono de Marc Gasol demuestran que la fe en el técnico escasea incluso entre los jugadores. Así es imposible ganar.

Artículo publicado en LaSemana.es

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Una forma estupenda de empezar el curso

No entiendo el concepto de deporte que tienen en Estados Unidos. Uno va a ver un partido de hockey hielo o de lacrosse, tal vez acompañado de sus hijos, para disfrutar de una agradable tarde de domingo, y de un momento a otro se puede convertir en un tarado que jalea entusiasmado, con la vena hinchada, al ver que dos tipos se tratan de romperse mutuamente la nariz a puñetazo limpio.

Me resulta realmente impactante ver que ese tipo de peleas se han convertido ya en una parte indispensable de esos deportes, como si el juego en sí hubiera dejado de ser lo suficientemente emocionante. A los jugadores ni siquiera se les ve cabreados u ofendidos cuando se pegan. Parece como sí, simplemente, el emprenderla a puñetazos con el otro fuera una mera obligación. Saben cuando deben empezar a pegar y cuándo deben dejarlo, aunque hayan salido escaldados, sin ni siquiera intentar lavar su honra. Parece que no les hiciera falta, como si estuviera todo preprogramado.

Los árbitros sólo intervienen cuando ven que la pelea ha perdido fuerza, cuando el público ya se ha aburrido de tanto golpe al aire. Y lo de los espectadores ya es de traca. Esa sonrisa en la cara, esas ovaciones al ver que los contendientes se quitan los guantes para hacerse todavía más daño, esa total ausencia de reprobación hacia la violencia en el deporte. No lo alcanzo a entender. Estoy seguro de que hasta a un fanático de las películas gore le parecerían totalmente inapropiadas esas manifestaciones gratuitas de violencia, esa total normalización de algo que se aleja tanto de lo normal.

Y todo esto viene al cuento de esta genial manera que han tenido los Salmonbellies y los Excelsiors, dos equipos de lacrosse, de empezar su temporada (aquí el vídeo). Hubo espectáculo -si así lo quieren definir- elevado a la enésima potencia. En medio de una multitudinaria reyerta, por parejas y bien repartidos por toda la cancha, los jugadores empezaron un sinfín de combates de boxeo. Y, como si todo estuviera pensado para favorecer ese espectáculo, una pelea no empezaba hasta que no terminara la anterior. Jugadores, árbitros, mandatarios (que lo consienten) y público merecen un buen escupitajo en la cara.

Para no dejar tan mal sabor de boca, ahí van unos cuantos vídeos más agradables:




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De vuelta

Ya tengo casa en Londres, internet y, de momento, bastante tiempo libre. Así que se acabaron las vacaciones del blog. A partir de hoy volverá a funcionar de la manera habitual. Como siempre, podéis seguirlo también a través de Twitter y Facebook.

Estamos de vuelta. Y, hablando de vueltas, no he podido seguirla mucho desde aquí, pero da la sensación de que cada año a la gente le importa más un pepino lo que suceda en la ronda española. Faltan los grandes (Contador y Armstrong), se van muchos de los favoritos (Andy y Franck Schleck) y apenas quedan tres estrellas (Valverde, Evans y Basso) para dar cierto espectáculo.

Tampoco ha ayudado mucho el extraño recorrido que han montado este año. La montaña ha empezado, para mi gusto, demasiado tarde, seguramente con la intención de prolonar el protagonismo de los contrarrelojistas (antes de alcanzar los primeros puertos ya se habían corrido dos cronos). Y además, de los finales en alto, sólo hay uno que realmente pueda marcar la diferencia (Sierra Nevada). Han querido ser originales y les puede salir el tiro por la culata. Esperemos que Valverde, Evans y Basso respondan en las jornadas que quedan y al final resulte una carrera emocionante.

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