21/2/10

Una oportunidad única

Sergio Rodríguez decidió embarcarse en la aventura americana muy joven, con sólo 20 años, cuando ni siquiera había terminado de florecer en el Estudiantes. Después de tres temporadas y media en la NBA, el tiempo ha dado la razón a quienes creían que El Chacho se estaba precipitando. Nate McMillan lo marginó en Portland, Paul Westphal apenas le dio responsabilidad en Sacramento y, en general, el canario ha pasado mucho tiempo en los banquillos y disputado muchos minutos basura.

Sergio ha peleado como nadie por hacerse un hueco en la mejor liga del mundo, machacándose cada verano con preparadores propios y aplicándose como el que más en defensa, su mayor laguna. Aún así, la suerte no le ha acompañado. Ha tenido que competir con dos o hasta tres jugadores por los minutos de director de juego, y siempre ha echado de menos tener a un entrenador que confiara realmente en él.

Pero la suerte de Rodríguez, que incluso había dejado de contar para la selección española, parece haber cambiado en apenas una semana. En interés de los Knicks de Nueva York por hacerse con sus servicios venía de largo. Y, finalmente, la fortuna ha sonreído al canario al completarse una complicada operación, que ha implicado a tres equipos y nueve jugadores, y que ha llevado a La Meca del baloncesto mundial a Sergio, junto con el genial Tracy McGrady.

El español llega a la franquicia en la que todo jugador de baloncesto anhela militar, y además lo hace con la seguridad de saberse deseado. Mike D'Antoni, el técnico de los Knickerbokers, llevaba tiempo buscando un base del perfil de Sergio, que pudiera hacer correr a su equipo como lo hiciera -salvando las distancias- Steve Nash con sus exitosos Phoenix Suns. A D'Antoni, entrenador con pasado europeo y cierta predilección por los jugadores del Viejo Continente, su base titular, Chris Duhon, le molesta. No es de su estilo. Y Sergio parece llegar para tomar los mandos de la nave neoyorquina y asentarse como titular por primera vez en la NBA.

Sergio se encuentra, probablemente, ante la oportunidad de su vida. En el Madison Square Garden, con una afición acogedora y unos compañeros extramotivados -caso de McGrady y Eddie House-, el base canario debe demostrar si realmente vale para estar en la liga más exigente del planeta. Una nueva decepción le forzaría, probablemente, a hacer las maletas de vuelta a Europa. Calidad no le falta, y capacidad de sacrificio tampoco. Sólo necesita que la suerte que le ha llevado a la Gran Manzana le siga acompañando cuando esté sobre el parqué. Pocos se lo merecen tanto como él.

Publicado en LaSemana.es


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