14/2/10

Vancouver 2010, contra los elementos

Vancouver pretendía organizar los mejores Juegos de invierno de la historia. Pero su sueño se ha difuminado en apenas unos días. El fallecimiento del georgiano Nodar Kumaritashvili es el último y más macabro de los males que asolan a la cita olímpica. La ciudad canadiense, ansiosa por mostrar sus encantos al mundo, cruza los dedos para que el espectáculo deportivo les salve del fracaso.

Las dudas sobre Vancouver 2010 comenzaron al llegar la crisis financiera mundial. En el recuerdo de los canadienses permanece imborrable el fracaso económico de los Juegos Olímpicos de Montreal ’76, que dejaron un agujero eterno en las arcas de la ciudad. La enorme inversión requerida para albergar el evento y la poca confianza que inspiraba la situación económica han suscitado numerosas críticas, que han resonado hasta el mismo comienzo de la competición.

Las modernas instalaciones, apuesta fuerte de la organización, se finalizaron a tiempo y con un resultado notable. Pero la nieve, elemento indispensable para la disputa de las pruebas, no llegó. El tiempo ha hostigado a Vancouver durante todo el invierno, uno de los más calurosos de su historia, hasta el punto de que la nieve hubo de llegar en camiones y helicópteros desde otras estaciones. Para más inri, la meteorología se ha tornado conflictiva en los últimos días, y ya han surgido los primeros problemas con el calendario después de que varias pruebas hayan tenido que ser aplazadas. El Comité Olímpico Internacional (COI) es consciente de que el calentamiento global es una seria amenaza para los Juegos de invierno, y Vancouver lo está padeciendo especialmente.

El caso es que a la cita canadiense le crecen problemas por todos los flancos. El asunto del dopaje, uno de los más cuidados debido los anteriores escándalos de Salt Lake City y Turín, ha dado los primeros coletazos. Un total de 30 deportistas, la mayoría rusos, ni siquiera pudieron hacer las maletas antes de los Juegos, pues quedaron excluidos por ofrecer valores anómalos en los controles. Otra rusa ya ha sido amonestada en los primeros días de competición por haber utilizado un estimulante prohibido. Y la preocupación por la falta de limpieza entre los deportistas de esa nacionalidad ha llegado a tal punto que desde el COI han tenido que mover hilos para solicitar medidas contundentes directamente a Dmitri Medvedev, presidente ruso. Eso sí, al menos, los 2.000 controles que se pretenden realizar están resultando eficaces.

Por si todos estos males fueran pocos, a Vancouver también le ha tocado lidiar con la tragedia. La muerte del competidor de luge vistió de luto la inauguración de los Juegos y sembró las dudas sobre la pista de Whistler, cuya inusual rapidez ya había dado más de un susto a otros deportistas. Al final, el accidente se achacó a un error del propio fallecido, aunque para entonces la imagen de Vancouver ya estaba más que tocada. Los organizadores se esfuerzan ahora por que todo salga a la perfección en las dos semanas que restan de competición. Han hecho especial hincapié en las medidas de seguridad, y no es para menos. Lo último que les faltaba es que llegue cualquier tarado y ponga una bomba en las instalaciones, como sucedió en Atlanta ’96. Lograr los mejores Juegos Olímpicos de invierno de la historia parece, a estas alturas, una quimera. Pero al menos queda desear que la competición sea más vibrante que nunca, que las condiciones acompañen y que cese el goteo de positivos. Después tocará hacer cuentas y analizar cómo han quedado las arcas.

Publicado en LaSemana.es

Foto: www.vancouver2010.com


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