29/3/10

La calidad, sola, no basta

Al final va a resultar que Jenson Button no era del todo un fraude. Puede que nunca hubiera ganado un Mundial de no ser por la maravilla de máquina con la que se encontró el año pasado. Tal vez su palmarés se reduciría a una única victoria en un Gran Premio (el de Hungría 2006) si el azar no le hubiera situado aquel inigualable Brawn GP. Probablemente nunca habría llegado a McLaren, ni hubiera alcanzado la condición de ídolo para la afición de Gran Bretaña. Pero en Australia Button nos ha demostrado a muchos que, pese a la suerte que le acompañó en su triunfo de 2009, tiene calidad de sobra para defender con honor los colores de las flechas plateadas.

Le benefició una acertada estrategia, la lluvia y los percances que se produjeron en las primeras vueltas, pero Button fue justo vencedor del Gran Premio de Australia. Supo rodar con inteligencia, a un ritmo que le permitiera mantener a raya a sus perseguidores al tiempo que conservar los neumáticos. No cometió errores y se aprovechó del mal fario de Sebastien Vettel, condenado una vez más por la escasa fiabilidad de su Red Bull, para regresar a lo más alto del podio y callar numerosas voces. Muchos le acusaban en Inglaterra de ser un piloto fino en la conducción, pero desapasionado. Decían que no merecía un volante tan prestigioso como el de McLaren. En apenas dos carreras, el vigente campeón mundial les ha demostrado lo contrario.

Con todo, uno puede llegar a entender semejantes críticas hacia el inglés si se fija en la cantidad de pilotos de enormes dotes relegados a posiciones postreras por tener un coche que no está a su altura. Si Button dio buena muestra de su calidad en Melbourne, Robert Kubica ofreció una exhibición de cualidades todavía más impactante. Como Fernando Alonso en los últimos dos años, el polaco, uno de los pilotos más virtuosos del circuito, está condenado a la mediocridad. Su Renault está muy por detrás de los ocho monoplazas punteros de la parrilla, y en condiciones normales será muy complicado poder oler el podio. Pero Kubica ya ha superado todas las expectativas con su segundo puesto en Albert Park. Él, al contrario que Button, no ha tenido nunca la fortuna de contar con un coche ganador. Pero está claro que si algún día le dan un bólido de primera línea, será un claro candidato al trono. De momento, como le sucedió al asturiano, tendrá que armarse de paciencia y seguir peleando por conseguir hazañas como la de Australia.

Y también armado de paciencia habrá de estar Vettel si no quiere acabar en el diván de un psicólogo a mitad de temporada. Lo que le está sucediendo es para arrancarse los pelos a puñados. Posee el coche más veloz, domina con autoridad los entrenamientos y las calificaciones, ha liderado con holgura las dos primeras carreras del campeonato y hasta Bernie Ecclestone le ha señalado como el gran favorito para el título esta temporada. Sin embargo, al Red Bull le ha fallado en los dos grandes premios disputados. De no ser por los problemas de fiabilidad (en Bahrein fue un fallo de una bujía y en Australia han sido los frenos) contaría ahora con 50 puntos y encabezaría el Mundial. Vettel suma sólo 12, los que consiguió en el desierto de Sahakir, y un pinchazo le pondría en una situación crítica a nivel anímico. Ya ha dicho abiertamente que sus problemas le están “rompiendo las pelotas”. Así que a Red Bull más le vale ponerse las pilas para que tanto su coche como su piloto dejen de echar humo.

Publicado en LaSemana.es


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