11/4/10

Maneras de fichar: clichés y realidades

Se critica estos días con excesiva facilidad la millonada que Florentino Pérez invirtió este verano en fichajes para tratar de devolver al Real Madrid a la senda del título. Del mismo modo se ensalza el modelo del Barcelona, que nutre su primer equipo con jugadores procedentes de la cantera. En realidad llevamos desde el verano oyendo los mismos comentarios, pero la victoria del Barça en el Santiago Bernabéu ha hecho que ese paquete de opiniones estandarizadas lo hayan comprado hasta los borrachos del metro de Londres, que te lo sueltan en cuanto notan que eres español.

Lo cierto es que el del Madrid y el del Barcelona son dos modelos de negocio igualmente respetables. Ambos buscan objetivos similares, aunque utilizando métodos distintos. Y cada uno se adapta a lo que tiene. A buen seguro que las arcas de Concha Espina no registrarían tanto movimiento si de la cantera blanca saliera algún jugador con la mitad de la calidad de Messi, o con tres cuartas partes de la que tienen Xavi o Iniesta. Que surjan tantos genios en tus categorías inferiores no es fácil, y si quieres ser el mejor equipo del mundo lo lógico es que tires de talonario para adquirir aquello de lo que careces. Y al Madrid, de todas las figuras mundiales con que cuenta, sólo le ha salido gratis el que defiende la portería, mientras que el Barça parece producir genios a patadas.

Los hechos no admiten discusión. El gasto total en fichajes del once titular que sacó el Barcelona en el clásico ronda los 50 millones de euros; en el del Madrid, en cambio, sólo Cristiano Ronaldo ya costó prácticamente el doble. El problema es que se juzga esta situación como si los directivos blancos fueran unos seres totalmente inmorales que atentan contra la ética y la dignidad por derrochar esas cantidades. Y eso es excesivamente injusto. El mercado se rige por las leyes de la oferta y la demanda, por lo que cada jugador cuesta más o menos lo que se supone que va a reportar al club comprador. El Madrid pagó por Ronaldo la cantidad que el mercado exigía, como el Barcelona por Ibrahimovic. Del mismo modo, cualquier club que osara pujar por Messi debería poner sobre la mesa bastante más de cien millones de euros.

La gran diferencia entre ambos clubes radica en sus necesidades. No nos engañemos. Los mejores productos de la cantera blanca (Granero, Negredo, Arbeloa,…) no son comparables a Xavi, Iniesta, Pedro o Piquet. Ante semejante panorama, y si uno ansía ganar todos los títulos, lo más lógico es rascarse el bolsillo y dejarse 250 millones o los que hagan falta para completar un equipo competitivo. Así que el tema del gasto, en buena ley, no debería dar para tantos debates. Sobre todo cuando hay tantas otras cosas que los directivos blancos sí han hecho realmente mal.

Lo que sí se le puede achacar al Real Madrid es el no haber invertido convenientemente el dinero que se ha gastado. La diferencia esencial entre azulgranas y blancos es la claridad con la que están definidas las ideas de unos y lo borroso e improvisado del proyecto del otro. Al Madrid le falló, para empezar, el técnico. Querían un Guardiola y tuvieron que conformarse con un parche. Sin alguien que guiara las operaciones conforme a un modelo predefinido, se buscó jugadores más bien por su nombre, en lugar de por sus características de juego concretas. Y así se quedaron a medias con la reconstrucción, cuando el equipo necesitaba imperantemente un lateral izquierdo y tal vez algún extremo.

Pero ese lleva siendo uno de los grandes fallos del Madrid durante los últimos años. Si se fichara con cabeza, el mejor lateral derecho del mundo, Dani Alves, ocuparía la banda del Bernabéu en lugar de la del Camp Nou, y Sergio Ramos estaría alimentando a las discotecas de Sevilla, las de Milán o –quién sabe– las de Barcelona. Ahora que la marcha de las vacas sagradas del vestuario (Guti y Raúl) por fin va a liberar al club de ciertas restricciones, ahora que huele a revolución, ahora que las soluciones propuestas hasta ahora parecen haber fracasado, tal vez sea el momento propicio para meditar, buscar soluciones inteligentes y formar un equipo de verdad, un proyecto serio y a largo plazo.

Si realmente se confía en Pellegrini –algo que está en duda por muy bien que lo haya hecho el chileno– se le debe permitir construir el conjunto que quiere, como hizo en el Villarreal, con responsabilidades y un contrato de larga duración. Si no, habrá que fichar a otro. Pero lo que seguro agradecerá el aficionado blanco es dejar de tener la sensación de que cada verano se improvisa igual que el anterior, total, para que luego en el invierno el Barça vuelva a darse un paseo por el Bernabéu. Al principio no escuece tanto, y uno puede llegar a aplaudir el buen juego del contrario, como sucedió el año de Ronaldinho y el 0-3. Pero si cada temporada sucede lo mismo, habrá que cambiar el modo de actuar.

LaSemana.es


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