24/5/10

Mourinho también sabe jugar bonito

José Mourinho ha demostrado al mundo que es capaz de llevar a lo más alto a cualquier equipo. Lo hizo con el modesto Oporto –eso sí, con jugadores de calidad y en una temporada europea descafeinada– y lo ha vuelto a lograr con un Inter de Milán de perfil bajo. Sin grandes estrellas en la plantilla y utilizando apenas 13 jugadores con asiduidad, el portugués ha dado más de una lección de táctica y de motivación colectiva. Una muestra más de que por algo se le considera el mejor entrenador del mundo.

Hacer jugar bien a un equipo plagado de genios, como el Madrid de Zidane o el Barça de Messi, no es tan sorprendente. Lo realmente complicado y meritorio es convertir en campeón a dos conjuntos –el Oporto y el Inter, en este caso– en los que abundan futbolistas de limitada técnica y cuyos máximos exponentes –ya sean Deco, Milito o Sneijder– tienen incluso complicada la titularidad con sus selecciones. Con una pizca de fortuna, jugando a la defensiva y apelando a la garra, cualquier técnico –Otto Rehhagel lo demostró con Grecia en la Eurocopa– puede hacer campeón a un equipo corriente. Pero cuando esa situación se repite está claro que quien maneja los hilos es alguien especial.

El juego del Inter de Mourinho no habrá enamorado a muchos, pero nadie puede quitarle el mérito de haber sabido utilizar a la perfección las armas con las que contaba, de haber inculcado a sus jugadores una mentalidad ganadora inusual y de haber ganado la partida táctica a todos los técnicos con los que se ha medido. Mourinho es, probablemente, el cerebro más privilegiado que pulula por los banquillos de todo el mundo, y si el Real Madrid se hace con sus servicios será un acierto absoluto.

Muchos le señalan como un entrenador defensivo y amante de un juego poco atractivo, algo contrario a los principios que imperan en la casa blanca. Sin embargo, aunque sí es un obseso de la táctica y el orden –algo que en el Santiago Bernabéu hace buena falta– Mourinho también ha demostrado que sabe practicar un fútbol de calidad. Su Oporto fue, en su momento, uno de los equipos más alabados en ese aspecto, y con el Chelsea también llegó a tener momentos de cierto esplendor futbolístico.

Cierto es que Manuel Pellegrini ha completado una temporada digna y que, por trabajo y rendimiento, merecería quedarse. Pero, puestos a sustituirle, no hay mejor opción que la de contratar al técnico más brillante. Y ése –ha quedado claro– no es otro que Mourinho. Los aficionados blancos que ven con recelo su llegada no deben preocuparse. En el Bernabéu se verán menos goles porque la defensa dejará de hacer aguas, pero la belleza del juego ofensivo no tiene por qué resentirse. Mourinho también sabe jugar bonito.

LaSemana.es

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