20/6/10

Contra el aburrimiento, baloncesto

Mientras el desaborido Mundial de Sudáfrica prolonga las últimas horas de la temporada de fútbol (si es que se puede llamar así a lo que se está viendo estos días en el país africano), el curso baloncestístico ha tocado a su fin en los dos lados del Atlántico. Y lo ha hecho dejando para la historia dos finales magníficas, excitantes como pocas y dignas del que para muchos es el deporte más espectacular del mundo.

La ACB, pese a resolverse la pugna por el título por un rápido 0-3, coronó campeón a un soberbio Baskonia en una de las finales más vibrantes de los últimos años. El Barcelona, consolidado este año como el mejor equipo de Europa, se quedó sin el ansiado triplete. Cedió la liga que en buena lógica debía acompañar a la Copa del Rey y la Euroliga. Pero cayó como los grandes, luchando hasta el último momento, aunque desbordado por la apabullante fe que pusieron en cada instante los jugadores de Dusko Ivanovic.

Fernando San Emeterio y Thiago Splitter, más que sublimes, guiaron a los vascos en una clara demostración de que hasta el más grande y poderoso puede ser derribado. Lior Eliyahu, Marcelinho Huertas, Mirza Teletovic,… Todas las piezas baskonistas impulsaron un preciso engranaje que funcionó a las mil maravillas, pues sólo alcanzando la perfección es posible doblegar a este Barça, un equipo llamado a dominar el baloncesto actual en el Viejo Continente. El Real Madrid, atropellado por su propia necesidad de títulos, deberá esperar y reconstruir su proyecto, esta vez con más pausa y meditación.

Aires de reconstrucción también soplan en Los Ángeles, aunque en ese caso más bien se debe a las jubilaciones ilustres –Phil Jackson y Dereck Fisher– que podrían firmar el fin de una época gloriosa. Tres finales y dos títulos adornan el currículum de Pau Gasol desde su llegada a la ciudad californiana. Y éste último ha sido, seguramente, el más especial. Para consumar la venganza contra los Boston Celtics, sus verdugos en 2008, los Lakers tuvieron que protagonizar una memorable remontada en la que Gasol se erigió en el salvador en el séptimo y decisivo partido.

Celtics y Lakers, los dos clásicos del baloncesto americano, ofrecieron una intensidad que no se veía en unas finales desde varios años atrás. La liga estadounidense vomita cada semana numerosos partidos horrendos, extremadamente lentos y con equipos cuyo orden táctico recuerda al de las competiciones escolares de la Comunidad de Madrid. Sin embargo, con playoffs de este nivel, uno entiende que se considere a la NBA uno de los mayores espectáculos del mundo. Ahora llega el Mundial de Turquía y, pese a las notorias ausencias, la inercia apunta a que la cita otomana tiene mucho que ofrecer al espectador. A buen seguro que el amante del deporte lo agradecerá, sobre todo ahora que el otro Mundial, esa maravilla creada por la FIFA, no ha propiciado, hasta la fecha, más que bostezos.

Publicado en LaSemana.es


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