12/9/10

"Nos levantaremos"

Turquía, paraíso idílico para algunos, quedará grabado en la memoria del baloncesto español como el lugar donde la selección rompió su matrimonio con la gloria. Cuatro años de medallas y festejos encontraron su punto final en un apoteósico triple de Milos Teodosic, rúbrica de una merecida victoria para Serbia que apartó a España de las semifinales. El Mundial de Turquía, por tanto, no guardó un lugar en el podio para el tercer mejor equipo del mundo (según la clasificación de la FIBA). Pero las sensaciones tras la derrota vaticinan que a esta generación de magníficos jugadores, la de los juniors de oro del 99, todavía le queda un epílogo que escribir, tal vez en el Eurobasket de Lituania en 2011 o en los Juegos de Londres un año después.

Las cosas no salieron bien en ningún momento durante el Mundial de Turquía. Tanto en las dos derrotas de la fase previa ante Francia y Lituania como en las victorias posteriores que permitieron llegar a cuartos de final se adivinó que el equipo no carburaba como tal. El juego colectivo que ha sido la seña de identidad de esta selección durante cuatro años desapareció en la península de Anatolia, donde las excelentes individualidades, la fortuna y algunos arranques de pundonor evitaron un descalabro previo. Las bajas de José Manuel Calderón y Pau Gasol, dos referentes claves en la dirección y el juego interior respectivamente, provocaron unas lagunas difíciles de solventar. Especialmente dañina fue la baja del base extremeño, cuya ausencia, por precipitada e inesperada, causó unas heridas que nunca acabaron de curar.

Las bajas, desde luego, fueron razones de peso para que el juego de la selección se resintiera. Sin embargo, la calidad del grupo que viajó al Mundial era tal que meterse en las medallas era un objetivo más que razonable. Cierto es que uno no puede prever un triple como el que metió Teodosic, de esos que entran una vez de cada cien. Y desde luego la estrategia de defender esa última jugada es la que habría ordenado cualquier entrenador con dos dedos de frente. Culpar a Scariolo por todo ello carece de sentido. Pero al italiano sí se le debe recriminar el hecho de que el juego colectivo, principal asunto que es su labor trabajar, brillara por su ausencia en todos los partidos ante rivales serios.

Uno no es nada partidario de apuntar al banquillo cuando llegan las derrotas, pues se trata de una actitud simplista y una plaga excesivamente extendida en el mundo del deporte. Sin embargo, en esta ocasión está totalmente justificado. España no mostró sistemas de ataque trabajados y eficaces. En la mayoría de partidos sobrevivió gracias a la inspiración en los lanzamientos de triple. Y, salvo en algunos momentos puntuales, ni siquiera en defensa los jugadores rindieron como acostumbran. Eso, en la mayoría de los casos, es fallo del entrenador, por no haber conseguido inculcar las tácticas adecuadas ni motivar lo suficiente a los jugadores.

Un cambio de técnico parece la decisión más adecuada para redirigir el rumbo de la selección. Se produzca o no, la buena noticia, escenificada por Juan Carlos Navarro con su impresionante rendimiento en Turquía, es que a la generación del 99 (Navarro, Felipe, Pau, Calderón,…) todavía les queda un par de años al máximo nivel. Y los que vienen detrás, sobre todo cuando los más jóvenes (Ricky, Llull, Suárez, Claver,…) acaben de madurar, son el condimento perfecto para lograr volver a lo más alto. El Eurobasket del año que viene y, sobre todo, los Juegos de Londres en 2012, donde sí estará Pau, serán escenarios ideales para redimirse del golpe sufrido en Estambul. Rudy lo ha dejado claro: “Nos levantaremos”.

Publicado en LaSemana.es

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