14/10/10

Pettigrew y los fallos de la lucha antidopaje

Recordábamos hace unos días, con motivo del positivo de Alberto Contador, unas palabras de Bernhard Kohl, ex ciclista austriaco que aseguraba haber pasado 100 controles dopado y no haber dado positivo en ninguno. Las lagunas en la lucha contra el doping tienen un claro ejemplo en el recientemente fallecido Antonio Pettigrew, cuya muerte, por cierto, apenas ha tenido cobertura en los medios españoles.

Brillante cuatrocentista de la década de los 90, Pettigrew fue encontrado hace unos días sin vida en el interior de su coche en Carolina del Norte, donde dedicaba su tiempo a entrenar a atletas universitarios. La autopsia ha revelado que se suicidó al ingerir una elevada dosis de somníferos. Fue un trágico punto y final para una carrera que se había ennegrecido tras el escándalo del caso BALCO, por el que Pettigrew perdió todos los triunfos conseguidos desde 1997.

Al igual que Kohl, Pettigrew confesó durante el proceso contra el entrenador Trevor Graham que había consumido sustancias anabolizantes, como eritropoietina (EPO) o la hormona de crecimiento, entre 1997 y 2003. En esos seis años, jamás fue descubierto por las autoridades antidopaje. Cierto es que en aquellos años los mecanismos de análisis de muestras estaban menos avanzados y que precisamente el sucio mérito de Graham fue desarrollar una sustancia, la tetrahydrogestrinona (THG), imposible de detectar. Sin embargo, el hecho de que tanto la EPO como la hormona del crecimiento pasaran desapercibidas durante seis años resulta enormemente llamativo.

Ante casos como el de Pettigrew o el de Kohl, ¿quién puede asegurar con certeza -especialmente en el ciclismo y el atletismo- que cualquier récord o triunfo conseguido está libre de sospecha? Servidor siempre ha necesitado creer en la bondad de los deportistas, pero cuantas más noticias de este tipo salen a la luz, más difícil se hace. Alejandro Delmás, reconocido periodista de AS, dijo en 2005: "No me pienso creer un sólo récord mundial más de velocidad, lo haga quien lo haga, al menos hasta que pase un puñado de años y las nuevas máquinas antidopaje no digan cosas raras". Esos años han pasado y, con el reciente caso de Contador, el panorama parece volverse todavía más confuso, pues hasta las máquinas más precisas y novedosas se han convertido en objetos de crítica.

Se desconocen los motivos que llevaron a Pettigrew a quitarse la vida con un puñado de pastillas para dormir. Para su obituario quedan el oro y la plata -en los 400 metros y el relevo de 4x400 respectivamente- que ganó legalmente en el Mundial de Tokio 1991
. No así los triunfos conseguidos, también en el relevo, en los Juegos de Sidney 2000 y los Mundiales de 1997, 1999 y 2001, cuatro preseas doradas que hubo de devolver tras su confesión. Antes de tomar el camino equivocado, Pettigrew fue un atleta excepcional. Después, por el caso BALCO, hubo de destapar las trampas que seguramente se vio forzado a cometer para mantenerse al máximo nivel pasados sus mejores años. Tal vez nunca superó el sentimiento de culpa y pensó que era mejor cerrar los ojos. Ahora, duerme ya el sueño eterno.


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