15/11/10

Alonso, de las lágrimas a la perspectiva

A principios de año parecía más que probable. Mediado el campeonato, semejaba una quimera. Y al abordar la última carrera se había tornado una apuesta segura. Lo ha visto muy lejos y muy cerca, pero finalmente Fernando Alonso no ha podido convertirse en tricampeón del mundo. Las mieles del éxito fueron para el joven Sebastian Vettel por gracia de un doloroso error de Ferrari, que tiró por la borda con una decisión todo el trabajo de una temporada histórica. El año del esfuerzo más heroico por pelear por el título en claras condiciones de inferioridad será recordado por las lágrimas finales de Alonso, que no deben, pese a todo, empañar la increíble hazaña del asturiano.

Lejos de intentar señalar culpables o torturarse reflexionando sobre lo sucedido, lo más sensato en estas situaciones es responder como lo hizo Alonso, tras los llantos, en su primera comparecencia ante las cámaras: reconociendo el sobresaliente éxito alcanzado esta campaña y comenzando a pensar en la siguiente. Nadie hubiera adivinado que, con un monoplaza tan inferior al Red Bull, el español estuviera tan cerca del título. Ello ha evidenciado que Alonso es, en este momento, el mejor piloto del mundo. Y raro será que, a poco que Ferrari le proporcione un monoplaza más competente, el asturiano no conquiste su tercer título en el futuro. Aunque decisivos, los errores de la Scuderia y su piloto han sido escasos este año, y ése debe ser el camino que han de seguir para regresar a lo más alto.

El sustantivo “fracaso” se asoció más que nunca a Fernando Alonso porque a la hora de tomar la última salida del año tenía el Mundial en su mano. Pero también Mark Webber abandonó Abu Dabi cabizbajo. Por el global de su temporada, era el segundo piloto que más merecía ese título. Sobre todo por haber remado contra corriente en las aguas de su propio equipo, víctima de decisiones que favorecían siempre a Vettel para perjudicarle ocasionalmente a él. Si el alemán no hubiera embestido a su compañero de equipo en Turquía, por ejemplo, puede que otro gallo hubiera cantado para el australiano. Webber se ha mostrado inconsistente en el momento decisivo de la temporada y, aunque ha perdido una oportunidad única para coronarse campeón, puede caminar por el paddock con la cabeza bien alta.

La fiesta, finalmente, ha sido total para Red Bull, que se ha llevado el título de marcas y ha coronado a su ojito derecho. Siendo puramente objetivos, nadie puede dudar de que ambos laureles son claramente merecidos, pues se ha impuesto el primer piloto del equipo con el mejor coche. Sin embargo queda la sensación de que el joven Vettel, un piloto excepcional pero todavía inestable e imprudente, ha hallado excesivo premio para una temporada irregular, plagada de errores y salvada por la excelsa superioridad de su monoplaza y los favores de su equipo. Es casi indudable que, de haber conducido un Ferrari o un McLaren, el imberbe teutón nunca se habría convertido en el campeón del mundo más joven de todos los tiempos.

La historia ya está escrita, y los libros recogerán en el futuro el Mundial 2010 como uno de los más apasionantes que jamás ha brindado la Fórmula 1. El talento de Alonso, la furia de Lewis Hamilton y la intrepidez de Vettel seguirán ofreciendo batallas memorables si los mandamases del gran circo continúan fomentando la igualdad y la competitividad con los continuos cambios que introducen. Eso sí, si Adrian Newey y su equipo de ingenieros siguen sacándose maravillas como el RB6 de la chistera, esa paridad quedará comprometida, especialmente teniendo que cuenta que Vettel habrá de madurar algún día. Aún así, a buen seguro que Ferrari y Alonso estarán, como este año, dispuestos a aceptar el reto. No en vano, analizando con cierta perspectiva, el desarrollo del nuevo monoplaza, primer paso para arrebatar el trono al equipo energético, comienza en unos pocos días.


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