12/12/10

Operación Galgo, alimento para el escéptico

Resultan difíciles de asimilar golpes como el de la Operación Galgo. Descubrir que los ídolos son débiles e inmorales no es algo precisamente agradable. Uno se enamora de esa figura heroica, se deja seducir por gestas memorables labradas con sufrimiento y afán de superación, y luego, como un electroshock, descubre que tras el mito se esconde un tramposo, un farsante o, incluso, un delincuente.

La Operación Galgo ha levantado la máscara a Marta Domínguez, la atleta que más embelesado tenía al deporte español. Sus logros y medallas, si bien no se ha demostrado (aún) que hayan sido fruto del dopaje, quedarán siempre en un segundo plano cuando en el futuro se hable de esta palentina. A la espera de que las investigaciones vayan arrojando más verdades, lo que nadie olvidará de ella, de momento, es su faceta de traficante (o proveedora, si se quiere ser más elegante), algo sobre lo que la Guardia Civil dice haber recabado ya ha recabado pruebas suficientes.

La última gran operación contra el dopaje que se ha vivido en España apenas acaba de comenzar y todavía son muchos los interrogantes. De todos los nombres mencionados como presuntos implicados en la trama, algunos reconocen su culpabilidad, la mayoría desmienten cualquier vinculación y varios han sido puestos en en libertad sin cargos. El único que ya ha pagado es el ingenuo Alemayehu Bezabeh, que ha confesado haberse dopado y, por mucho que le explicaran, no alcanzaba a entender dónde residía la gravedad de su acto.

El gran afectado de todo esto es el deporte español, que a los ojos de la comunidad internacional es el paraíso de los tramposos. Lo peor es que, por mucho que duelan en el orgullo patrio esas afirmaciones, cada vez parece acompañarles más la razón. Decía Ignacio Romo en su blog que de los 50 miembros del último equipo olímpico español, solo un 14 por ciento están relacionados con el dopaje. El problema es que esa cifra va aumentando (de momento con Bezabeh, y tal vez con Nuria Fernández) y nadie puede asegurar con certeza que vaya a detenerse en algún punto.

Da la sensación de que en este país sólo importan los títulos, independientemente de cómo se consigan. Cierto es que no debe ser fácil ver cómo se te acaba un contrato o una beca y saber que necesitas con urgencia lograr un buen resultado para renovarlo. Pero ello no legitima a ningún deportista a sobrepasar los límites de la ética. La honestidad, el esfuerzo y el respeto deben ser características esenciales de cualquier campeón. Uno necesita creer que sus héroes representan todos esos valores, y cuando se cae un mito de tal magnitud el varapalo es tremendo. Después de esto, cuesta poner la mano en el fuego por nadie. Tendrá que evolucionar mucho la tecnología antidopaje o habrá que legalizar ciertas sustancias para que los éxitos sean realmente creíbles. Hasta entonces, cada vez más espectadores se subirán al carro del escepticismo. Cualquiera duda ya hasta de los más intocables.

Más sobre la Operación Galgo:

- Página de la Operación Galgo en Wikipedia
- La Operación Galgo en la hemeroteca de ABC.es


Otros artículos sobre dopaje:

- Una cuestión de fe
- Chambers tomó 300 drogas distintas en un año
- Tenía que liarse... y se lió
- España, república bananera del dopaje
- Trevor Graham, culpable

1 comentario:

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