Con una selección que practica un fútbol de ensueño, que por fin a alcanzado la madurez y que ya sabe lo que es ganar, el próximo Mundial de Suráfrica aparecía como una oportunidad histórica para lograr el título más importante que exite en el balompié internacional. Aunque sea de mal augurio decirlo, y más cuando se trata de la Roja, la realidad es que España es la máxima favorita al triunfo en buena parte de las casas de apuestas. Por parafrasear a Harold McMillan y recurrir a una de las expresiones más típicas del Reino Unido, se podría decir que “nunca lo hemos tenido tan bien”.
Sin embargo, la plaga de lesiones que está afectando a los jugadores nacionales en esta recta final de la temporada ha desatado ciertos temores. España ha labrado un estilo de juego elegante y eficaz, posee jugadores de enorme calidad en todas las posiciones y ha adquirido una mentalidad ganadora que siempre echó de menos en las grandes citas. Sin embargo, la dureza de la campaña que termina puede lastrar decisivamente su desempeño en tierras africanas.
De momento es seria duda para el Mundial Fernando Torres, autor del gol que valió una Eurocopa y uno de los nueves más codiciados del mercado en la actualidad. Su ausencia dejaría especialmente cojo al equipo de Vicente del Bosque, por mucho que el seleccionador cuente con otros delanteros de lujo. Por si fuera poco, Cesc Fabregas y Andrés Iniesta, creadores de excepción para dibujar las líneas del juego espanol, también están en el dique seco, y es muy probable que lleguen a la cita mundial poco rodados y carentes de ritmo.
Sin ellos tambien se puede ganar, de ello no hay duda, pero lo peor es vacío anímico que pueden dejar ausencias de tanto renombre. Al menos, toquemos madera, Xavi Hernández, verdadera alma del equipo, no se encuentra entre los afectados. Pero la dura batalla que libran Barcelona y Real Madrid por el campeonato liguero amenaza con llevarse por delante la salud de más jugadores antes del comienzo del Mundial. Más vale que cese el goteo porque, aunque se puede ganar de cualquier manera, la historia muestra que a España le cuesta más de lo normal, sobre todo cuando se espera mucho de ella. Así que mejor ir a la guerra con toda la munición en buen estado.
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A la guerra, mejor con toda la munición
Rafael Nadal, paso a paso
Rafael Nadal reventó la burbuja de infortunio en la que llevaba casi doce meses encerrado. Venció en Montecarlo, su torneo talismán, Masters 1000 (así les llaman ahora) en el que se ha impuesto en seis ediciones consecutivas. Sin embargo, su hazaña estadística (es el primer tenista que gana un torneo seis veces seguidas desde que se inauguró la era Open) quedó eclipsada por el significado personal, por la enorme sensación de desahogo al poner fin, sicológicamente, a un año de continuos sinsabores.
Hace un par de años Nadal era el rey del circuito. Federer, en un momento un tanto bajo de su carrera, hincaba la rodilla continuamente ante el español, incluso en su Montecarlo particular, Wimbledon, donde el manacorí fue capaz de doblegarle tras varios intentos fallidos. Nadla también comenzó con ímpetu 2009, destronando al suizo en Australia, donde había ganado en tres ocasiones. Sin embargo la derrota contra Federer, ese año, en Roland Garros marcó el inicio de una travesía por el desierto para el español.
Los continuos problemas de rodillas o musculares han impedido a Nadal rendir al nivel deseado en los últimos doce meses. Apenas ha tenido destellos de brillantez, como en Shanghai o en Doha, donde pareció recuperar sensaciones a tiempo para el inicio de la nueva temporada. Pero en ambos torneos Davydenko, tocado por los dioses en aquella época, le impidió darse el gusto de volver a levantar un trofeo.
Nadal ha ido en progresión en los últimos campeonatos, siempre con algún problema físico, siempre con remiendos de última hora. Pero a base de insistencia ha conseguido pulir su tenis para que llegar con opciones al inicio de la temporada de tierra batida. En Mónaco jugó infiltrado, y aún así deleitó con un juego de seda. Ahora descansará en el Godó, y parece que esa dinámica es la que va a tener que emplear de aquí en adelante. Los problemas crónicos que padece en su rodilla no son para andarse con bromas. Para volver a ganar, ha de llegar entero a los torneos. Presionarle con volver a ser número uno no tiene sentido. Si lo consigue, será por tozudo. Pero lo tiene difícil. De momento, servidor se conforma con que en los torneos importantes siga emocionando con su actitud y su tenis.
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Maneras de fichar: clichés y realidades
Se critica estos días con excesiva facilidad la millonada que Florentino Pérez invirtió este verano en fichajes para tratar de devolver al Real Madrid a la senda del título. Del mismo modo se ensalza el modelo del Barcelona, que nutre su primer equipo con jugadores procedentes de la cantera. En realidad llevamos desde el verano oyendo los mismos comentarios, pero la victoria del Barça en el Santiago Bernabéu ha hecho que ese paquete de opiniones estandarizadas lo hayan comprado hasta los borrachos del metro de Londres, que te lo sueltan en cuanto notan que eres español.
Lo cierto es que el del Madrid y el del Barcelona son dos modelos de negocio igualmente respetables. Ambos buscan objetivos similares, aunque utilizando métodos distintos. Y cada uno se adapta a lo que tiene. A buen seguro que las arcas de Concha Espina no registrarían tanto movimiento si de la cantera blanca saliera algún jugador con la mitad de la calidad de Messi, o con tres cuartas partes de la que tienen Xavi o Iniesta. Que surjan tantos genios en tus categorías inferiores no es fácil, y si quieres ser el mejor equipo del mundo lo lógico es que tires de talonario para adquirir aquello de lo que careces. Y al Madrid, de todas las figuras mundiales con que cuenta, sólo le ha salido gratis el que defiende la portería, mientras que el Barça parece producir genios a patadas.
Los hechos no admiten discusión. El gasto total en fichajes del once titular que sacó el Barcelona en el clásico ronda los 50 millones de euros; en el del Madrid, en cambio, sólo Cristiano Ronaldo ya costó prácticamente el doble. El problema es que se juzga esta situación como si los directivos blancos fueran unos seres totalmente inmorales que atentan contra la ética y la dignidad por derrochar esas cantidades. Y eso es excesivamente injusto. El mercado se rige por las leyes de la oferta y la demanda, por lo que cada jugador cuesta más o menos lo que se supone que va a reportar al club comprador. El Madrid pagó por Ronaldo la cantidad que el mercado exigía, como el Barcelona por Ibrahimovic. Del mismo modo, cualquier club que osara pujar por Messi debería poner sobre la mesa bastante más de cien millones de euros.
La gran diferencia entre ambos clubes radica en sus necesidades. No nos engañemos. Los mejores productos de la cantera blanca (Granero, Negredo, Arbeloa,…) no son comparables a Xavi, Iniesta, Pedro o Piquet. Ante semejante panorama, y si uno ansía ganar todos los títulos, lo más lógico es rascarse el bolsillo y dejarse 250 millones o los que hagan falta para completar un equipo competitivo. Así que el tema del gasto, en buena ley, no debería dar para tantos debates. Sobre todo cuando hay tantas otras cosas que los directivos blancos sí han hecho realmente mal.
Lo que sí se le puede achacar al Real Madrid es el no haber invertido convenientemente el dinero que se ha gastado. La diferencia esencial entre azulgranas y blancos es la claridad con la que están definidas las ideas de unos y lo borroso e improvisado del proyecto del otro. Al Madrid le falló, para empezar, el técnico. Querían un Guardiola y tuvieron que conformarse con un parche. Sin alguien que guiara las operaciones conforme a un modelo predefinido, se buscó jugadores más bien por su nombre, en lugar de por sus características de juego concretas. Y así se quedaron a medias con la reconstrucción, cuando el equipo necesitaba imperantemente un lateral izquierdo y tal vez algún extremo.
Pero ese lleva siendo uno de los grandes fallos del Madrid durante los últimos años. Si se fichara con cabeza, el mejor lateral derecho del mundo, Dani Alves, ocuparía la banda del Bernabéu en lugar de la del Camp Nou, y Sergio Ramos estaría alimentando a las discotecas de Sevilla, las de Milán o –quién sabe– las de Barcelona. Ahora que la marcha de las vacas sagradas del vestuario (Guti y Raúl) por fin va a liberar al club de ciertas restricciones, ahora que huele a revolución, ahora que las soluciones propuestas hasta ahora parecen haber fracasado, tal vez sea el momento propicio para meditar, buscar soluciones inteligentes y formar un equipo de verdad, un proyecto serio y a largo plazo.
Si realmente se confía en Pellegrini –algo que está en duda por muy bien que lo haya hecho el chileno– se le debe permitir construir el conjunto que quiere, como hizo en el Villarreal, con responsabilidades y un contrato de larga duración. Si no, habrá que fichar a otro. Pero lo que seguro agradecerá el aficionado blanco es dejar de tener la sensación de que cada verano se improvisa igual que el anterior, total, para que luego en el invierno el Barça vuelva a darse un paseo por el Bernabéu. Al principio no escuece tanto, y uno puede llegar a aplaudir el buen juego del contrario, como sucedió el año de Ronaldinho y el 0-3. Pero si cada temporada sucede lo mismo, habrá que cambiar el modo de actuar.
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Apuntes previos a los 'playoffs'
La temporada regular de la NBA se encuentra en pleno ocaso, y las sensaciones que ofrece la mejor liga del mundo en la antesala de los playoffs son dispares. Mal acostumbrada como está la afición española en los últimos años, esta vez se puede llevar un buen chasco, pues las eliminatorias por el título contarán, como mucho, con tres representantes nacionales, que probablemente sean dos si los Raptors de José Manuel Calderón no maquillan su horrendo final de campaña. La situación de Toronto es una de las circunstancias que mejor evidencian las carencias de una Conferencia Este, muy distante todavía en juego e intensidad de las emocionantes pugnas que se han vivido esta campaña en el Oeste y que se auguran para los playoffs.
Lo cierto es que la franquicia canadiense comenzó la temporada con muchas expectativas, después de haber armado un equipo más que competitivo alrededor de los que eran sus tres pilares (Chris Bosh, Andrea Bargnani y Calderón). La llegada de jugadores de la calidad de Hedo Turkoglu, Jarrett Jack y el novato DeMar DeRozan hacían pensar en alcanzar cotas más altas en su conferencia. Y, pese a unos inicios dubitativos, tras haber pasado el base extremeño de guía del equipo a suplente de un inspirado Jack, los Raptors cumplieron con las expectativas, desplegando un juego atractivo, consolidándose en la quinta plaza del Este y amenazando incluso a los cuatro grandes. Pero en la recta final de la temporada los de Jay Triano se han desinflado de forma estrepitosa. Les restan seis partidos para conseguir, al menos, meterse en los playoffs, aunque ello no tapará un sonado fracaso que, con toda probabilidad, forzará la salida de su gran estrella, Chris Bosh, este verano y el desmembramiento de todo el proyecto.
La trayectoria de los Raptors en la liga es una de las muchas pruebas de la escasa competitividad que se vive en la Conferencia Este. Mientras en el Oeste los equipos que luchan por posiciones intermedias (véase Utah, Phoenix y Oklahoma City) deslumbran con su juego, la mediocridad impera en la costa contraria, donde amén de los cuatro gallitos el resto brindan más decepciones que alegrías a sus aficionados. Si en el lado del Pacífico hay que lograr unas 50 victorias para estar en los playoffs, apenas 40 bastan en el borde del Atlántico, donde franquicias desastrosas como los Bulls de este año todavía, a estas alturas, tienen opciones de clasificarse. Conjuntos como Memphis y Houston lo habrían tenido fácil en una conferencia plagada de equipos irregulares (Charlotte, Toronto, Miami,…) y rebosante de cenicientas. Pero Grizzlies y Rockets han de batirse en el competitivo Oeste y ello les ha apartado de lograr el merecido premio de los playoffs tras completar una temporada para quitarse el sombrero.
Todo apunta a que las eliminatorias por el título del Este serán de lo más aburrido hasta la misma final, porque incluso en semifinales Atlanta y Boston parecen estar bastante lejos del nivel de Cleveland y Orlando, únicos equipos que han enseñado argumentos suficientes para poder arrebatar el anillo a los cocos del Oeste. Los Lakers, actuales campeones, lo tendrán mucho más difícil esta vez. Con la ausencia de Andrew Bynum, su juego ha perdido enteros, y los angelinos llegan a los playoffs con muchas dudas. Dallas, Denver y Utah asustan más que nunca, y el descaro de Phoenix y Oklahoma City puede ayudarles a dar la sorpresa. Y aun si logran superar todos esos obstáculos, en la final pueden esperar unos Magic sedientos de venganza o un LeBron James deseoso de conquistar el título que ha perseguido durante toda su vida. Pau Gasol y Kobe Bryant tendrán que rendir a su mejor nivel para que la liga vuelva a teñirse de purpura y oro.
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