Recogidas las pelotas de playa, el balón de verdad, el de cuero cosido, vuelve a rodar por los campos de España al son de una Liga que parece escrita con la misma partitura. Lejos de reforzarse, los segundones de la pasada campaña, con la excepción del Atlético, han perdido aún más potencial. Y la pugna por el título se presenta como un eterno baile entre dos, condenados el resto a dar palmas desde la distancia.
Barcelona y Real Madrid son, salvo enormes sorpresas, los candidatos únicos en la lucha por el campeonato. Un pulso que, incluso, podría carecer de la igualdad y la emoción que lució en la pasada campaña. Y podría ser así porque el Barça, por lo visto hasta el momento, se ha tornado todavía más intocable, mientras al Madrid, reconstruido con inteligencia por primera vez en muchos años, le queda por salvar el necesario periodo de adaptación que todo gran proyecto debe pasar para estabilizarse.
El retoque que le faltaba al conjunto azulgrana para alcanzar la perfección lo ha conseguido Guardiola al suplir a Ibrahimovic por David Villa. Quedó patente en Santander desde la primera vez que el Guaje intercambió miradas con Messi. Lo que siguió fue una exhibición de entendimiento, con combinaciones de salón y un gol para cada uno, una pequeña demostración de lo que pueden lograr en cuanto se conozcan un poco mejor. Con dos gregarios de lujo más para la nómina -Adriano y Mascherano- lo del Barça, si las lesiones les respetan, huele a dictadura futbolística.
José Mourinho tiene una ardua tarea por delante para conseguir que el reparto de poder quede equilibrado. Sus hombres demostraron en la primera jornada liguera que todavía no saben a lo que juegan, consecuencia lógica del poco tiempo que llevan juntos. La columna vertebral del equipo es la misma -Casillas, Pepe, Ramos, Xabi Alonso, Ronaldo, Higuaín- pero las incorporaciones también son numerosas y el sistema de trabajo es nuevo.
Conseguir la harmonía cuanto antes será crucial para que los blancos puedan aspirar a arrebatar el trono al campeón. La integración de Khedira -que tiene algo de Fernando Redondo- y Ozil -que destila detalles de Zidane- será clave. Ambos fueron suplentes en Mallorca, donde cada jugador merengue batalló por su cuenta. Ahora el primer objetivo debe ser jugar como un equipo. Para ello, es posible que la lesión de Ronaldo, el menos dado a soltar la bola, haya sido un mal positivo.
Publicado en LaSemana.esMás artículos sobre fútbol:
La danza hacia el poder
A solas con Roberto Martínez
Nada hay de sencillo en conseguir que un equipo británico, tosco por naturaleza, juegue raso y elegante. Tampoco debe ser fácil, y menos para un extranjero, convertirse en el entrenador más joven de la Premier League. Sin embargo, Roberto Martínez, humilde como es, asegura que todo ello le ha sobrevenido “de forma natural”, como si sólo el destino y el esfuerzo, que no el talento, le hubieran empujado al éxito.
A muchos en España les costaría pronunciar correctamente el nombre del equipo al que entrena. Sin embargo, en las islas, donde le profesan una profunda admiración, nadie se come un acento al mentar a Martínez, técnico del Wigan desde la pasada temporada. En una liga plagada de entrenadores sexagenarios, sus 37 años le convierten en el más bisoño. Y es, además, el único español en los banquillos la Premier tras el éxodo de Rafa Benítez a Milán.
De su vida hasta el momento podría escribirse una novela. Allá por 1995, el dueño del Wigan y de las tiendas de deporte JJD, Dave Whelan, al que Martínez considera “un padre futbolístico”, abrió una franquicia en Zaragoza. Allí se fijó en tres jugadores del club maño. “Nos invitaron a venir una semana. Hubo conexión. Era un proyecto fantástico y nos sentimos en casa desde el principio”, cuenta Roberto.
En Gran Bretaña, Martínez se labró una larga carrera como futbolista. Seis años de éxitos en Wigan le llevaron a ser escogido el mejor jugador de la historia del club. Pasó con menos fortuna por Motherwell y Walsall, y se hizo querer en Swansea. Tanto que en 2007, a mitad de temporada, tras un entrenamiento con el Chester, su último equipo, recibió una llamada del club galés para ofrecerle el puesto de entrenador. “Algo que nunca se había visto”, comenta, “pues el Swansea estaba en una categoría superior”. “Fue una decisión muy difícil, porque tenía 33 años y me encontraba físicamente bien. Era fácil decir que sí a entrenar al Swansea. Lo difícil era colgar las botas y decir adiós a la vida de futbolista”, recuerda Martínez.
Aún así, aceptó la oferta. “Fue la decisión acertada”, señala. Y a fe que lo fue. En la ciudad galesa concibió un modelo de fútbol extraño para los locales, basado en el toque y el juego ofensivo. Su ‘Spanish Swansea’ cautivó a los británicos y su talento e inteligencia le brindaron miles de elogios. El año pasado, Whelan, el hombre que le llevó a Inglaterra, volvió a llamarle, esta vez para dirigir al Wigan en la máxima categoría. “No pude negarme”, confiesa.La Premier, paraíso idílico
En la Premier Martínez se siente como pez en el agua. “Sobre todo porque aquí el entrenador controla todos los aspectos del club. Es una gran ventaja. No hay ese choque, como en España, entre el director deportivo y el entrenador. Todos los departamentos están bien unificados alrededor del manager”, cuenta Martínez.
De su boca sólo afloran elogios hacia el fútbol inglés. Y no le faltan argumentos. “Las cuatro categorías profesionales están muy bien organizadas. Hay 92 clubes y cualquiera puede llegar a la Premier. En España, equipos de Tercera o Segunda B no tienen la estructura para algún día jugar en Primera”, razona. Y si le preguntan qué liga es mejor, apenas vacila: “Si hablamos del tipo de fútbol, depende del gusto de cada uno. Pero si hablamos de la estructura, de la organización financiera, de los estadios y de todo lo que envuelve la liga, eso ya son hechos, y está claro que la Premier está muy por encima de cualquier otra”.
Nadie diría que echa de menos su patria, de la que añora sobre todo, además de los seres queridos, el comer caracoles. Sin embargo sigue la Liga con devoción, aunque lamenta sus excesivos contrastes. “Fue muy emocionante la lucha por la Champions y por la permanencia, pero Barça y Madrid están a años luz y eso afecta a la competitividad. Aquí, la competitividad está a todos los niveles, y eso hace a la Premier más excitante”.
Las hazañas de su equipo son buena muestra de esa igualdad. Este año, en el que lograron salvar la categoría en las últimas jornadas, se dieron el gusto de ganar a Chelsea, Liverpool y Arsenal por primera vez en su historia. “Esos momentos hicieron que la temporada fuera especial”, dice. Aunque también su primer curso como técnico del Wigan será recordado por las goleadas recibidas (1-9 contra el Tottenham y 8-0 contra el Chelsea). “Hemos confiado en la juventud, hemos cambiado el estilo de juego y en el periodo de adaptación ése es el precio que hemos tenido que pagar”, explica.El éxito de la “mentalidad creativa”
Pese a su escaso presupuesto, el Wigan se abre paso hacia su sueño de jugar algún día en Europa gracias a lo que Martínez llama su “mentalidad creativa”. Con más de 20 ojeadores dispersos por el mundo, Martínez ha cobrado fama por su tino en los fichajes. “Buscamos gente con la mentalidad abierta, capaces de adaptarse al estilo de vida y la filosofía del club. Tenemos recursos limitados, así que debemos buscar en ligas menores”, comenta. Así estuvieron a punto de firmar a David de Gea cuando aún no era nadie, y han contratado este verano al paraguayo Antolín Alcaraz, una de las sensaciones del Mundial.
Compran calidad a buen precio y sin mirar el pasaporte. De hecho, en el vestuario han llegado a convivir 22 nacionalidades diferentes, toda una Torre de Babel. “A veces la convivencia es complicada porque las culturas reaccionan de forma muy distinta en los momentos difíciles, pero con tantas nacionalidades en un vestuario nunca tienes un momento normal, todos son bastante alegres”, cuenta el de Sabadell.
Su modelo, que recuerda al del Sevilla, anuncia un futuro de éxitos. Aún así, Martínez otorga el mérito a Kevin Reeves, su jefe de ojeadores. Pero quienes le conocen saben que todo nace en su cerebro. “Es un enfermo del fútbol. Se pasa todo el día viendo partidos y ojeando jugadores”, comenta Ed Jones, su jefe de prensa. El propio Martínez lo reconoce: “No tengo tiempo libre. Siempre hay trabajo que hacer. Y si lo tengo, lo paso viendo fútbol, contestando las cartas de los aficionados o saliendo a cenar con Beth, mi mujer”.
A su esposa la conoció en Escocia y la considera su “mejor fichaje”. Ambos son felices en Wigan, donde tradicionalmente se apoyaba más a Liverpool y Manchester. Ahora, adoran a su entrenador, y éste les corresponde: “Poder hacer un proyecto en la Premier es muy excitante. Es una pasión, una forma de vida. Cuando estás en ello, no puedes pensar en otra cosa”. Con Roberto Martínez, salvo que algún grande se lo birle, el Wigan tiene talento para muchos años.
* Reportaje escrito desde Wigan para La Gaceta, donde se publicó en una versión más reducida.Más artículos sobre fútbol:
Felices vacaciones en Ferrari
Las vacaciones estivales han inundado de luz las expectativas de Ferrari. Decapitadas sus opciones de triunfo hace unas semanas con el fracaso en Gran Bretaña, han bastado dos carreras y una notoria mejora del monoplaza para demostrar que la piel no ha de venderse antes de matar el oso. Fernando Alonso ha cumplido el ambicioso objetivo que se marcó antes de Alemania: sumar 43 puntos en las dos siguientes carreras. Y ello ha cambiado totalmente el gesto de un equipo hasta entonces azotado por el infortunio.
Las evoluciones del F10 y el fichaje del ingeniero Pat Fry, que llegó a principios de julio tras abandonar McLaren, han resultado cruciales para dar un paso adelante y rebasar a las flechas plateadas. Los Red Bull son todavía inalcanzables, pese a que las condiciones de ciertos circuitos, como sucedió en Hockenheim, pueden permitir al Ferrari situarse a su altura. En Hungría se demostró que, en buena ley, nadie podrá toser al equipo de Milton Keynes. Pero al menos, Alonso y Massa han dejado de oler la trasera a Hamilton y Button, a quienes ahora saludan por el retrovisor.
El Mundial debieran llevárselo Webber o Vettel porque su bólido rinde a otro nivel. Sin embargo, los rápidos y sólidos avances de Ferrari invitan al optimismo. A partir de ahora, irán introduciendo pequeñas mejoras en cada Gran Premio y, restando todavía siete carreras, acabar el año en lo más alto semeja una posibilidad más que viable. Los errores que está cometiendo Red Bull son otro motivo para creer. La marginación a la que tienen sometido a Webber, su piloto más fiable, y los constantes errores que comete Vettel, su ojito derecho, han comprometido un título que en condiciones normales deberían ya tener atado.
Ahora todo está igualado y tanto Alonso como Hamilton, si el McLaren reacciona, aspiran a recoger los frutos que siembre la inexperiencia de la escudería energética. Las vacaciones llegan en un momento grato para el piloto español y su equipo. Después vendrán siete citas vibrantes como pocas, pues hace años que la lucha por el campeonato no agrupa a tantos candidatos separados por tan escaso margen (ahí parece que la FIA ha acertado con el cambio del sistema de puntuación). Eso sí, las cuatro semanas de descanso (si así se les puede llamar, pues las escuderías no descansan) han pillado en situaciones dispares a los aspirantes al título. Y por primera vez desde Bahrein la parte dulce le ha tocado a Alonso. Una última brizna de suerte podría brindarle el pastel entero.
Publicado en LaSemana.esOtras lecturas interesantes:
