Pocos daban un duro porque el mejor equipo del continente dejara escapar, la pasada campaña, alguno de los títulos que disputó. Sin embargo al Barcelona se le escurrió la ACB entre los dedos, arrebatada por un Baskonia milagroso que rozó la perfección en la final. Apenas acaba de comenzar la temporada y ya parece claro que será necesaria otra hazaña de semejante calibre para que alguien consiga detener al conjunto azulgrana.
La Supercopa ACB evidenció la madurez de los barceloneses, un equipo, como el de fútbol, muy trabajado tácticamente, construido sobre unas sólidas bases y que sólo ha necesitado una incorporación este verano. Sus rivales parten con una gran desventaja porque arrancan desde varios peldaños más abajo. El Real Madrid ha cambiado la mitad de su plantilla para tratar de revitalizar el proyecto de Ettore Messina. Los nuevos fichajes prometen pero, como Mourinho, el italiano necesitará tiempo y paciencia para que los sistemas puedan funcionar.
Más problemas, a priori, debería tener el vigente campeón, que también ha variado muchas piezas y además deberá suplir la baja de su jugador insignia, Tiago Splitter. Pese a ello, la continuidad de Dusko Ivanovic y el buen ojo en las incorporaciones aseguran que el Caja Laboral estará aspirando a todos los títulos un año más. No es la primera vez que tras la marcha de un jugador de referencia -como sucediera con Luis Scola y Pablo Prigioni- el Baskonia responde con una temporada espectacular. También ha configurado un proyecto interesante el Valencia, ilusionado con rendir al más alto nivel también en la Euroliga. Ellos conforman el triplete de aspirantes a hacer frente al todopoderoso Barça. Unicaja, Joventut y Cajasol, otros que se han reforzado con inteligencia, también pueden tener algo que decir.
El nuevo curso trae, además, la introducción de algunas variaciones en el reglamento que buscan volver el juego más espectacular. El alejamiento de la línea de triple y la variación en las dimensiones de la zona acercan las normas a las de la NBA, con la intención de abrir más espacios en el interior y conseguir un juego más atractivo. Los cambios, en principio, tendrán un efecto mínimo por el momento, pero son la evolución lógica hacia el siguiente paso, la ampliación del tamaño del campo. La futura implantación de esta medida supondrá un gran paso para el baloncesto europeo, puntero en cuestiones tácticas pero precisamente lastrado por la primacía de las defensas y la ausencia de espacios, algo que castiga la espectacularidad. La FIBA y la ACB parecen caminar en la dirección correcta para que el baloncesto continental vuelva al lugar que le corresponde.Otras lecturas interesantes:
Nuevo curso, mismo Barça
"Nos levantaremos"
Turquía, paraíso idílico para algunos, quedará grabado en la memoria del baloncesto español como el lugar donde la selección rompió su matrimonio con la gloria. Cuatro años de medallas y festejos encontraron su punto final en un apoteósico triple de Milos Teodosic, rúbrica de una merecida victoria para Serbia que apartó a España de las semifinales. El Mundial de Turquía, por tanto, no guardó un lugar en el podio para el tercer mejor equipo del mundo (según la clasificación de la FIBA). Pero las sensaciones tras la derrota vaticinan que a esta generación de magníficos jugadores, la de los juniors de oro del 99, todavía le queda un epílogo que escribir, tal vez en el Eurobasket de Lituania en 2011 o en los Juegos de Londres un año después.
Las cosas no salieron bien en ningún momento durante el Mundial de Turquía. Tanto en las dos derrotas de la fase previa ante Francia y Lituania como en las victorias posteriores que permitieron llegar a cuartos de final se adivinó que el equipo no carburaba como tal. El juego colectivo que ha sido la seña de identidad de esta selección durante cuatro años desapareció en la península de Anatolia, donde las excelentes individualidades, la fortuna y algunos arranques de pundonor evitaron un descalabro previo. Las bajas de José Manuel Calderón y Pau Gasol, dos referentes claves en la dirección y el juego interior respectivamente, provocaron unas lagunas difíciles de solventar. Especialmente dañina fue la baja del base extremeño, cuya ausencia, por precipitada e inesperada, causó unas heridas que nunca acabaron de curar.
Las bajas, desde luego, fueron razones de peso para que el juego de la selección se resintiera. Sin embargo, la calidad del grupo que viajó al Mundial era tal que meterse en las medallas era un objetivo más que razonable. Cierto es que uno no puede prever un triple como el que metió Teodosic, de esos que entran una vez de cada cien. Y desde luego la estrategia de defender esa última jugada es la que habría ordenado cualquier entrenador con dos dedos de frente. Culpar a Scariolo por todo ello carece de sentido. Pero al italiano sí se le debe recriminar el hecho de que el juego colectivo, principal asunto que es su labor trabajar, brillara por su ausencia en todos los partidos ante rivales serios.
Uno no es nada partidario de apuntar al banquillo cuando llegan las derrotas, pues se trata de una actitud simplista y una plaga excesivamente extendida en el mundo del deporte. Sin embargo, en esta ocasión está totalmente justificado. España no mostró sistemas de ataque trabajados y eficaces. En la mayoría de partidos sobrevivió gracias a la inspiración en los lanzamientos de triple. Y, salvo en algunos momentos puntuales, ni siquiera en defensa los jugadores rindieron como acostumbran. Eso, en la mayoría de los casos, es fallo del entrenador, por no haber conseguido inculcar las tácticas adecuadas ni motivar lo suficiente a los jugadores.
Un cambio de técnico parece la decisión más adecuada para redirigir el rumbo de la selección. Se produzca o no, la buena noticia, escenificada por Juan Carlos Navarro con su impresionante rendimiento en Turquía, es que a la generación del 99 (Navarro, Felipe, Pau, Calderón,…) todavía les queda un par de años al máximo nivel. Y los que vienen detrás, sobre todo cuando los más jóvenes (Ricky, Llull, Suárez, Claver,…) acaben de madurar, son el condimento perfecto para lograr volver a lo más alto. El Eurobasket del año que viene y, sobre todo, los Juegos de Londres en 2012, donde sí estará Pau, serán escenarios ideales para redimirse del golpe sufrido en Estambul. Rudy lo ha dejado claro: “Nos levantaremos”.
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Descansen en paz
Decía Joaquín Sabina que la muerte es solamente la suerte con una letra cambiada. Ambas, la muerte y la suerte, han sido especialmente crueles con el mundo del deporte este fin de semana, en el que hasta tres fallecimientos nos han recordado que la victoria o la derrota son asuntos banales comparados con las cosas que verdaderamente importan.
La pugna por la Vuelta a España pasó a un plano totalmente secundario con la muerte de Txema González, masajista del equipo Sky, que falleció, sin tiempo para despedirse, por una infección bacteriana. Hubo luto en la ronda española, que lloró la pérdida de uno de sus miembros más queridos y, sin tiempo para asimilarlo, hubo de retomar el camino hacia Madrid. Así de implacable es la competición profesional, que no concede tiempo para el lamento ni en los momentos más difíciles.
Más angustias todavía está sufriendo la familia del motociclismo, a la que la pálida dama ha visitado dos veces en menos de una semana. Primero se llevó durante cuarenta segundos a Fonsi González Nieto, que pudo volver para contarlo cuando estaba a unos instantes de abandonarnos para siempre. Apenas unos días después otro accidente en el Mundial de Moto2 sesgó la vida de Shoya Tomizawa, un chico japonés de 19 años con una prometedora carrera por delante.
No es un juego subirse a una motocicleta y conducir a 300 kilómetros por hora sin apenas protecciones que te resguarden de un impacto. Hay que estar locos o tener unas agallas descomunales para hacerlo. En cualquier caso, resulta extraño que uno no se dé cuenta de ello hasta que suceden tragedias de este tipo.
Por si no había dado ya suficientes tristezas la jornada deportiva, en León falleció un hincha de la Cultural por un infarto mientras veía jugar a su equipo. Tantas muertes para digerir en tan poco tiempo ciertamente pueden provocar una depresión seria. A uno se le viene a la mente la definición de la vida que hacía Woody Allen en Annie Hall: "Llena de soledad, histeria, sufrimiento, tristeza y, sin embargo, se acaba demasiado deprisa". Afortunados somos los que todavía sufrimos. Los que se han ido, descansen en paz.
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