Estuvieron sumidos en el descenso durante 34 fechas de las 38 con las que cuenta el campeonato. Sin embargo, la serenidad de Roberto Martínez fue todo lo que necesitó la afición del Wigan para saber que iban a salvarse. Elegido mejor jugador de la historia del club (donde jugó seis temporadas procedente del Zaragoza), Martínez es un ídolo en esa pequeña ciudad de la región de Gran Manchester. Y allí, convencidos los fans de que poseen a unos de los managers con más talento de la Premier, supone todo un alivio escuchar las palabras condundentes y tranquilizadoras del español después de cada tropiezo.
Y lo cierto es que este año Martínez ha tenido que serenar a las masas desde el micrófono en más de una ocasión, pues durante los dos primeros tercios de la temporada el rendimiento del equipo fue muy preocupante. En un vestuario en el que han llegado a convivir 22 nacionalidades distintas y en el que cada año varían unos cuantos nombres, no es fácil conseguir la adaptación de todos a la minuciosa metodología del sabadellense. Roberto Martínez se ha hecho un nombre en las islas por conseguir que sus equipos jueguen con un estilo más español que inglés, más creativo que directo y con más toque que músculo. Pero el proceso para conseguir imponer esos ambiciosos planteamientos, plagada la plantilla de futbolistas que apenas se conocen entre sí, es inevitablemente lento. Y ello lo han evidenciado esta campaña más incluso que en la anterior, en la que habían destacado por ser un equipo de lo más cambiante, tan capaz de propinar una goleada escandalosa como de recibirla dos días después.
Es loable, sin embargo, el trabajo del técnico español para conseguir, a base de constancia y de confianza en sus métodos, extraer lo que quiere de sus jugadores. Tardó, pero en el último tercio de la temporada el Wigan fue exactamente lo que su afición y sus preparadores deseaban que fuera. Con solo dos derrotas en los últimos nueve partidos y con un cautivador despliegue de buen fútbol en las cuatro jornadas decisivas, los Latics lograron in extremis el objetivo del que su entrenador nunca había dudado. Seguir al Wigan en estas fechas finales de la Premier ha sido una experiencia que devolvería la pasión por el deporte rey hasta al espectador más desencantado. En los medios españoles no se le ha otorgado todo el reconocimiento que merece, pero Bob Martínez está, con toda probabilidad, a la altura de los mejores técnicos nacionales. Si consigue reforzar el equipo este verano sin perder a sus principales estrellas, seguro que empezará también a acaparar portadas a este lado del canal.
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