16/5/13

Wigan: sonrisas y lágrimas

En apenas cuatro días, el Wigan de Roberto Martínez ha pasado de la euforia más incontenible a la tristeza más profunda. De ganar la F.A. Cup por primera vez en su historia -el primer gran título del club en sus 81 años de vida- a certificar su descenso a la segunda división del fútbol inglés tras ocho años en la élite.

Los Latics han descendido, sí, pero tanto el club, como su presidente Dave Whelan, como su entrenador Roberto Martínez, han escrito una página inolvidable en el libro de la historia futbolística británica. Han sido varias temporadas seguidas exhibiendo un fútbol de calidad, salvándose milagrosamente en las últimas jornadas exhibiendo pasión y orgullo, sobreviviendo a la venta de sus mejores jugadores...

El Wigan de Bob Martínez se ha ganado la simpatía de muchos, y su entrenador ha adquirido un caché que podría llevarle este verano a fichar por uno de los históricos de la Premier League, pues su fichaje por el Everton se da ya por seguro.

Si se confirma su marcha, el técnico español se irá dejando una impronta inigualable. Ya fue elegido en 2005 como el mejor jugador de la historia del club, y nadie en la pequeña ciudad inglesa dudaría ahora en otorgarle también el título de mejor entrenador.

Entre Whelan y Martínez han conseguido algo impensable. Crear en Wigan una devoción por el fútbol -el rugby ha sido tradicionalmente el deporte más seguido en la ciudad-, mantener a su equipo en la élite ocho temporadas consecutivas y poner la guinda a una época maravillosa con el título de la F.A. Cup arrebatado al todopoderoso Manchester City y su primera clasificación para disputar competición europea.

Los Latics jugarán la Europa League el año que viene como ganadores de Copa, pese a haber descendido a la Championship tras su derrota contra el Arsenal. Seguramente les cueste años regresar a la Premier, pues la segunda división inglesa es una de las competiciones más igualadas del continente. Pero Whelan, Martínez y este Wigan pueden estar más que orgullosos de su legado.

Como buen aficionado al fútbol, uno solo puede darles las gracias por todas estas tardes de espectáculo, por esos emocionantes finales de temporada, por ese estilo de juego tan cautivador. Gracias, Wigan, y hasta pronto.


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