25/6/13

Las protestas por el Mundial de Brasil 2014: ¿El germen de una revolución?

“El fútbol y los grandes eventos deportivos han sido utilizados por los políticos a lo largo de la historia como una manera de manejar a la gente. Sin embargo, ahora, la gente está utilizando un gran evento para decir a los políticos y al mundo entero que sus derechos están siendo ignorados. Éste es un momento histórico y una magnífica respuesta a algunas autoridades que pensaban que el fútbol podía acallar las voces de la gente. Hay que mirar hacia adelante. Ése es el verdadero legado del Mundial de Brasil 2014”.

Estas palabras no las firma ningún líder revolucionario, ni un representante de un partido de la oposición brasileña. Ni siquiera un intelectual o un contertulio de los medios. Lo publicó el jugador del Corinthians Paulo André en su página de Facebook, resumiendo el sentir de muchos brasileños que han tomado las calles durante la celebración de la Copa Confederaciones para mostrar su disconformidad con el gasto realizado por su país para albergar el Mundial 2014.

Todo empezó con una medida aislada: un incremento del 7% en el precio del transporte público en Sao Paulo. Ahí nació un movimiento de protestantes que se negaron a pagar, reclamando una tarifa de transporte gratuita. Aunque al principio nadie les prestó mucha atención, cuando la policía reprimió con gran violencia una manifestación pacífica, todos los focos giraron en su dirección.

Rápidamente, y gracias a las redes sociales, Brasil explotó de indignación. Especialmente en Brasilia, donde la ciudad se gastó 530 millones de euros en construir un estadio para el Mundial, mientras la gente enferma está desatendida, sin espacio en los hospitales públicos. Ello, unido al desencanto con unos políticos corruptos, provocó las primeras manifestaciones en contra del coste del Mundial de Brasil.

El hecho de que la policía reprimiese también con violencia esas marchas, en las que los manifestantes portaban flores y pancartas con el lema “Paz”, fue la gota que colmó el vaso. Millones de personas se echaron a las calles, y ya no era por una simple subida en el transporte público, sino por un sentimiento de indignación general ante un Gobierno que deja a miles de personas morir de enfermedades e inanición mientras se gasta una cantidad indecente de dinero en albergar un evento deportivo.

LAS REDES SOCIALES, REFLEJO DE LA INDIGNACIÓN

El Mundial de Brasil 2014 costará más de 20.000 millones de euros, más incluso que las últimas tres Copas del Mundo juntas. Un gasto que, en un país donde 13 millones de personas pasan hambre, ha sembrado la indignación como la pólvora. “La mayor parte de las ganancias del Mundial irán directamente a la FIFA, mientras que el dinero del turismo generado por el evento irá a parar a manos de gente que ya tiene mucho dinero. El que vende helados en la playa tal vez tenga más trabajo esas semanas, ¿pero realmente el Mundial o los Juegos Olímpicos van a cambiar su vida?”, explica esta brasileña indignada en su canal de Youtube.

“La gente no necesita más estadios, necesita educación. No necesita que Brasil impresione al mundo, necesita tener comida y salud. No necesitamos más fiestas, necesitamos gente con trabajos y una vida digna. Se ha probado que hay suficiente dinero para conseguirlo; al menos lo había hasta el Mundial y los Juegos Olímpicos”, argumenta.

El mítico ex jugador del Barcelona Romario, que hace un año predijo que el Mundial iba a ser “el mayor robo de dinero público de la historia del país”, se ha erigido en uno de los portavoces de esta masa indignada con sus declaraciones contra la FIFA y el Gobierno. Actualmente diputado federal por el Partido Socialista de Brasil, O Baixinho aseguró en éste vídeo que con lo que han costado las obras se podrían construir 8.000 nuevas escuelas y comprar 39.000 autobuses escolares. En lugar de eso, afirma, se aprueban leyes para eximir a la FIFA de pagar impuestos.

LA FIESTA Y EL ORGULLO NACIONAL, ¿RECOMPENSA SUFICIENTE?

Decía el periodista y escritor John Carlin que "los pobres también necesitan su juerga y sus festejos para dar sentido y nobleza a su tránsito por la tierra" y que "para los países que no consideran esa recompensa suficiente, el mensaje está claro: dejen de proponer sus candidaturas a celebrar los grandes eventos deportivos mundiales". Tal vez habría que ir más lejos. Que la FIFA y el COI empiecen por otorgar candidaturas sin pensar únicamente en llenarse los bolsillos (no hay ejemplo más claro que el Mundial de Catar) y que los gobiernos de países en fase de desarrollo abandonen sus delirios de grandeza y asuman sus responsabilidades, que no incluyen precisamente el organizar fiestas.

A ningún manifestante le ha importado la mala imagen que puede estar dando su país con estas protestas mientras se celebra un evento internacional del calado de la Copa Confederaciones. Tal vez estén, para disgusto del Gobierno, más preocupados con que se les proporcione una asistencia sanitaria y unas condiciones de vida adecuadas. Muchos analistas se preguntan qué magnitud podrá alcanzar este movimiento, especialmente cuando llegue la disputa del polémico Mundial. Las protestas no tratan solo sobre fútbol, pero tal vez queden asociadas para siempre con este deporte, al igual que la llamada Guerra del Fútbol entre Honduras y El Salvador estará siempre marcada por un simple partido de balompié.

2 comentarios:

  1. It would certainly be a blow for Brazil if they couldn't host the World Cup 2014 due to the ongoing political situation!

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