1/1/15

Dolorosa derrota en Milán

El Real Madrid volvió a hincar la rodilla. El equipo dirigido por Pablo Laso no pudo superar al Maccabi en la Final Four de Milán a pesar de su primorosa semifinal frente al FC Barcelona y acabó cayendo por 86-98 tras prórroga.

Parece complicado explicar cómo un equipo que ha sido tan superior durante la temporada, que ha enamorado con su juego a todo el mundo y le ganó de cuarenta a su eterno rival en las semifinales se encallara de esa manera en el momento de la verdad. Pues así fue. Jugadores desacertados, desquiciados y cabizbajos que no supieron manejar el momento de la verdad. No porque sean inferiores a sus rivales ni porque no sepan competir (han demostrado que si en más de una ocasión) sino porque no fue el día. El rival tuvo más acierto. Así de simple.

Y eso que el choque comenzó como habían soñado las apuestas previas a este partidazo de baloncesto. El Maccabi rugía, intenso, al ritmo que ponían Hickman y Sofo en la anotación inicial. En los blancos, Rudy aparecía inspirado y Reyes se sumaba al espectáculo para otorgar las primeras ventajas. La entrada de Sergio Rodríguez en el segundo cuarto terminó por catapultar al equipo con un parcial de 19-2, pero el equipo isrealita, dirigido brillantemente por David Blatt desde la banda y arengado por 9.000 gargantas desde la grada, se agarró al partido. Un par de malos ataques y malas defensas blancas sumado al acierto de un Rice que se comenzaba a entonar y un triple final imposible de un Blu que jugaba su último partido como jugador, redujo la distancia a un corto 35-33 al final del primer tiempo.

No sé qué pudo pasar en ese vestuario pero el cortocircuito de vuelta fue importante. Superados en defensa, inoperantes en ataque. Llull no anotó en todo el partido, Sergio anotaba pero no dirigía, Mirotic se precipitaba de manera constante y Reyes y Rudy, animadores en la primera parte, desaparecían en la segunda. Sólo la muñeca de hielo de Bourousis y el talento que tiene el equipo le mantuvieron vivo hasta el final avocando el partido a la prórroga. Antes, Rice ya estaba gobernando el choque. El menudo base del equipo israelí, desbordaba, anotaba y asistía a su antojo con una sensación de superioridad tremenda. Falló el tiro que hubiera evitado la prórroga pero no tuvo problemas en arreglarlo después.

El tiempo extra fue un suplicio para el equipo blanco. El atasco en ataque por esos momentos era monumental y la fragilidad defensiva alarmante. El equipo estaba bloqueado y, en frente, tenía a un Maccabi sediento. Quería sangre y la consiguió. Rice se fue hasta los 26 y Hickman hasta los 18 ante un Real Madrid que no dio la sensación en ningún momento de poder llevarse el gato al agua en el tiempo extra.

En definitiva, un partido en el que el Maccabi compitió más y mejor ante un Real Madrid que ha encontrado el camino pero todavía no el premio. Volverán para intentarlo. El espejo lo tienen a mano. El equipo israelí, seis títulos y nueve finales perdidas. Casi nada.

* Escrito por Guillermo Fernández

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